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Los médicos de la Orden, entre los refugiados de Georgia

Roma, 20/09/2008 


Los médicos de la misión humanitaria de la Asociación polaca, presentes en Georgia desde el 14 de agosto, prosiguen su trabajo en los campos de refugiados de las ciudades de Tbilisi y Gori. En esta última ciudad se instaló desde el principio una unidad sanitaria, la única para cerca de 1.700 refugiados. De vuelta de una misión humanitaria en Georgia donde ha supervisado la donación de medicamentos, alimentos y útiles básicos, Marcello Celestini, Ministro Consejero de la embajada de la Orden de Malta en Tbilisi, fue entrevistado por Marco Bellizi para el periódico L’Osservatore Romano.

“Alerta a la infancia” entre los refugiados en Georgia

Por Marco Bellizi

En Georgia se necesitan psicólogos y psiquiatras que sean capaces de atender a los niños obligados por circunstancias bélicas a dejar sus hogares. Y se necesita que Europa intervenga urgentemente, porque la situación sigue su curso, y puede ocurrir cualquier cosa. Éste es el llamamiento lanzado por Marcello Celestini, encargado de negocios de la Soberana Orden Militar de Malta en Georgia, a los médicos italianos y a todos los que quieran conseguir que la población local esté en situación de seguridad. Celestini, psiquiatra, acaba de volver de Georgia, donde ha supervisado las actividades de la Orden, en especial las de la Asociación polaca que trabaja en Georgia desde el 14 de agosto, y para hacerse una mejor idea de las necesidades de los refugiados. “La Orden”, explica Celestini, “no ha adoptado posición alguna en este conflicto. La neutralidad es importante para nosotros, pero es evidente que la Orden está atenta a cualquier acontecimiento de importancia que requiera una acción humanitaria, ya sea conflictos bélicos o desastres naturales”.

¿Cuál es el resultado, hasta el momento, de la intervención de la Orden en Georgia?

Me impresionó la organización de este grupo polaco de Caballeros de Malta, compuesto de un coordinador, el sacerdote Henrik Blaszczyh, y cuatro médicos que llegaron justo en el momento oportuno. Establecieron su centro de operaciones en la embajada de Polonia ante Georgia, y desde allí organizaron sus actividades de atención a los refugiados de Osetia y de la ciudad de Gori, ocupada durante algunos días por Rusia. Los refugiados no pudieron llevar nada con ellos, llevaban sólo lo puesto, habían llegado a pie y buscaban refugio en los barrios de los alrededores de Tbilisi, como Isani. Esta gente se considera georgianos, y huyeron de la ocupación rusa. Hoy hay menos refugiados de los 130.000 que llegaron en los primeros días, puesto que tras la liberación de Gori algunos volvieron a sus hogares. Sin embargo, muchos de ellos (no tenemos cifras exactas) decidieron quedarse. Son de Osetia y de zonas aún ocupadas por Rusia, y están muy necesitados.

¿Cuáles son las principales urgencias sanitarias en estos momentos?

Los refugiados sufren sobre todo patologías respiratorias, y los niños tienen parásitos. Y además tenemos que tratar los shocks psicológicos ocasionados por el traumatismo de tener que abandonar sus hogares, pero sobre todo por las bombas y la destrucción. Me he puesto en contacto con una asociación de jóvenes médicos georgianos, que me han pedido que lance un llamamiento en Italia, porque su país no tiene suficiente personal médico especializado en psicología y psiquiatría para niños y jóvenes. Sería muy útil contar con voluntarios.

¿Cuál es la situación general de las personas que huyeron de la guerra?

Debo decir que las personas que he conocido en casi todos los campos de refugiados son ejemplares por su dignidad. Los refugiados no poseen nada, pero muestran solidaridad entre ellos, e intentan ayudarse los unos a los otros. La gestión de la ayuda humanitaria se ha confiado a Cáritas, que está muy bien organizada y tiene raíces en el país, con un gran número de voluntarios que comprueban las necesidades reales de las personas. En Georgia no hay colchones, ni camas plegables, ni sacos de dormir, ni sábanas, toallas, depósitos de agua, jabón y pasta de dientes. Sobre todo se necesitan platos y vasos. También hay escasez de medicinas, y debo decir que los Caballeros polacos las están distribuyendo de manera muy eficaz. En algunos casos se han solicitado colchones de agua, para evitar las úlceras. Las intervenciones de la SMOM han consistido en enviar a representantes a los campos de refugiados a presentarse, a consolar y reconfortar, a decirles que están allí para ayudarles. Durante los primeros días, se entrevistaron con hasta 150 personas por campo; poco a poco las visitas se redujeron a 10 ó 15 personas por campo y por día. Las acciones de la Orden han sido altamente profesionales, como lo han reconocido todos, incluido el Viceministro georgiano designado para la emergencia de los refugiados. En particular, la Orden ha estado presente en el gran campo de tiendas de campaña montado en Gori tras la ocupación rusa, y en todos los refugios de la ciudad. Se contrataron pediatras locales para atender a los niños, servicio que ha resultado muy útil, mientras que la Cruz Roja italiana se ha encargado principalmente de los alimentos, con 9.000 comidas servidas por día.

¿Cuál es su opinión de la ayuda internacional?

El trabajo de Alessandra Morelli, jefe de departamento de Naciones Unidas a cargo del campo de refugiados en Gori, consiste en supervisarlo y garantizar su seguridad, y es muy apreciado. No olvidemos que hay un riesgo de alcoholismo en jóvenes y mayores, así que éste es un aspecto que también debe tenerse en cuenta. Por otra parte, se ha instalado una capilla en una de las tiendas, y un cura celebra allí misa todos los días. Hay que ser conscientes de que a sólo cuatro kilómetros aún hay controles rusos, con su correspondiente cola de georgianos. No hay corredores humanitarios. La única persona que puede cruzar es el obispo ortodoxo de Gori, y es también la única persona autorizada a transportar ayuda. Por el momento, ni Naciones Unidas ni otras organizaciones pueden pasar.

¿Llegó a tiempo la ayuda?

Llegó a tiempo, y ahora llega masivamente. Hemos recibido un avión lleno de ayuda ofrecido por el Presidente de la República de Polonia. La cuestión crítica ahora es cómo gestionar esta ayuda racional y prudentemente. La situación sigue inestable, y los posibles desarrollos de este conflicto aún no están claros, aunque la diplomacia internacional haya tenido una actuación excelente. Sin embargo, estamos esperando la llegada de fuerzas europeas.

¿Han recibido informaciones sobre abusos o maltrato sufridos por la población local?

No directamente. Desde luego ha habido acciones de cierto tipo en la zona de conflicto. Me han dicho que incluso dos semanas después del estallido del conflicto había cuerpos abandonados en las calles, que se quemaban después en hornos de pan. Así que, en esos casos, desde luego no se respetaron debidamente las personas fallecidas. Sin embargo, he oído también que durante la ocupación de Gori, algunos camiones fletados por Cáritas tuvieron vía libre, y el pan se distribuyó tanto a la población como a los soldados rusos y georgianos. Quizá los soldados rasos muestran una actitud más positiva que los generales, como suele ser el caso en situaciones de este tipo.

¿Cómo es la relación con la población (principalmente ortodoxa)?

El jefe de misión, el padre Henrik, y el médico han adoptado una actitud muy delicada e inteligente en los campos de refugiados de Tbilisi. Les han hecho entender que la presencia de la Orden significa cuidados sanitarios y ayuda. Esta “política de la sonrisa” ha sido muy apreciada por los grupos de refugiados, en especial por sus líderes. La misión humanitaria finalizó ayer, y ha dejado un sólido testimonio del espíritu y carisma de la Orden. Nos llevamos a casa el profundo agradecimiento de aquéllos que reconocieron en la cruz octogonal de la Orden un símbolo de humanidad y respeto a los pobres. Tuitio fidei y obsequium pauperum, como dice nuestro lema.

(©L’Osservatore Romano 13 settembre 2008)

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