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La Orden de Malta en Italia: luchando contra la pandemia

23/09/2020 


A lo largo de la trágica pandemia de covid-19, la Orden de Malta ha interpretado auténticamente su propia identidad cristiana: «dedicarse al prójimo». Italia fue el primer país occidental en ser golpeado por el coronavirus, a mediados de febrero de 2020. El 30 de abril, apenas dos meses después del primer caso comprobado, había ya 205.463 personas enfermas, 18.149 ingresadas, 1.694 ingresadas en cuidados intensivos y 27.967 fallecidos. Cifras dramáticas que hoy han superado ya los 37.000 fallecidos, aunque la situación general ha mejorado gracias a la mejora de los tratamientos. En esos meses no solo era necesario centrar los esfuerzos en el problema sanitario, sino también en las infinitas necesidades que durante la pandemia no han dejado de manifestarse. Efectivamente, esas necesidades han seguido siendo las mismas o incluso más numerosas; lo que ha cambiado es la situación, caracterizada por una absoluta e inédita «carencia humana». Todas las personas estaban confinadas en sus hogares, más preocupadas de lo que podía ocurrirles a ellas o sus familias que de las necesidades de los desfavorecidos.
La Orden de Malta ha respondido extraordinariamente a esta situación, con los voluntarios de los Grandes Prioratos o de las delegaciones, o bien con el cuerpo italiano de ayuda (CISOM), poniéndose al servicio del país y de quien necesitase ayuda.
Apenas empezó la situación de emergencia, fue necesario controlar que los desplazamientos no ayudasen a la difusión del virus. A petición del Estado, los voluntarios del CISOM, del cuerpo militar y de algunas delegaciones empezaron a colaborar con las actividades de control sanitario: primero en dos aeropuertos (Roma y Milán), que finalmente fueron 19; después en algunos grandes puertos, en algunas estaciones de tren y el metro de Roma y de Milán. Después, también frente al Tribunal de Nápoles, en los ayuntamientos de varias ciudades e incluso en algunos centros penitenciarios. Estas mismas actividades de control se desarrollaron frente a algunos hospitales, como el hospital Di Venere en Bari, el de Schio en la región de Venecia y, en primer lugar, el de la Orden de Malta, el hospital de San Juan Bautista en Roma que, entretanto, había ya hecho todo lo necesario para proteger a su personal y a Nuestros Señores los Enfermos de la covid-19 y había preparado camas dotadas de los equipos necesarios para el tratamiento. Por otra parte, el cuerpo militar montó dos tiendas de campaña cerca del centro de salud Bianchi en Nápoles y otras frente al hospital Fatebenefratelli-Sacco de Milán, para efectuar controles después del alta hospitalaria de covid-19.

El mismo cuerpo militar montó también un hospital de campo en Crema, donde su personal sanitario ha trabajado con la brigada médica cubana en la asistencia a los enfermos de covid-19. El barco hospital Splendid, atracado en el puerto de Génova, ha podido funcionar gracias a una rotación permanente entre el personal de la delegación de Liguria de la Orden de Malta, del CISOM y del cuerpo militar. Este barco estaba preparado para atender a 400 enfermos post covid-19, y en él han trabajado también los capellanes de la Orden y los equipos sanitarios de todos los organismos de la Orden, principalmente los del ambulatorio de la Asociación italiana de Génova.

En pocas semanas también se levantó el hospital especializado en covid-19 del recinto ferial de Milán, en cuya construcción contribuyeron los voluntarios del cuerpo italiano de ayuda y de la delegación de Lombardía. El cuerpo de ayuda italiano de la Orden de Malta también colaboró en la construcción del hospital especializado en covid-19 de Civitanova, en las Marcas, con más de 100 voluntarios durante tres semanas. También colaboraron en este proyecto la delegación del sur de las Marcas, el cuerpo militar y el personal sanitario de la Asociación italiana.

En total, los Grandes Prioratos, las delegaciones de la Orden, el CISOM y el cuerpo militar, gracias a su presencia capilar en el territorio nacional, trabajaron en ese periodo en centenares de municipios italianos, garantizando a decenas de miles de familias en dificultad una asistencia religiosa y humana: distribución de fármacos y alimentos de primera necesidad, servicios de compra a domicilio, transporte de miles de personas de movilidad reducida, distribución de miles de mascarillas y equipos de protección individual… Durante el periodo de emergencia, se han puesto en marcha y ampliado en todo el territorio nacional los servicios para los sin techo y para las familias con dificultades económicas, se han organizado recogidas de fondos gracias igualmente a los voluntarios y se han reabierto, o se ha garantizado la continuidad en condiciones de seguridad, las duchas y los comedores sociales para los más desfavorecidos.
Entre las más de diez mil jornadas de lucha contra la pandemia que han desarrollado los voluntarios del CISOM, hay que contar las mil jornadas aproximadas de los psicólogos, dedicadas a colaborar en el teléfono gratuito nacional de emergencia psicológica, operado por el Ministerio de Sanidad y el Departamento de Protección Civil. También han ofrecido un servicio similar las delegaciones de Génova (en colaboración con las autoridades regionales), de Nápoles, de Catania y de Venecia, que han atendido a los enfermos de Alzheimer con un sistema de estimulación cognitiva a distancia con tabletas electrónicas.

En Roma, el comedor social que habitualmente se encuentra en la estación Termini ha continuado en funcionamiento, aunque con otras modalidades. También se ha conseguido no suspender otro comedor social de Roma, que ni siquiera se había interrumpido durante las dos guerras mundiales: la Cocina económica del círculo de San Pedro, creada en 1877 por el Papa Pio IX. En Liguria se ha seguido entregando la compra semanal a 85 ancianos de una residencia, también en la región de Emilia oriental, para 70 personas atendidas, en Messina se ha ayudado a 50 familias en situación de dificultad, garantizando su manutención durante al menos 3 semanas del confinamiento, en Portici, en la región de Campania, con la colaboración del cuerpo militar, se ha donado, transportado y distribuido a la población 2,5 toneladas de productos alimentarios y productos de limpieza doméstica. Y así, prácticamente en todas las delegaciones de Italia, se han lanzado programas de ayuda de este tipo, desde la distribución de bonos para hacer la compra, hasta la distribución de alimentos o de medicamentos a domicilio.

En Bolzano se han realizado llamadas telefónicas periódicas a Nuestros Señores los Enfermos y se ha dado una ayuda material a algunas familias con miembros fallecidos por covid-19, en Cerdeña se ha instaurado un servicio de asesoramiento telefónico para facilitar el acceso al sistema sanitario, en Catania y Venecia se ha organizado un servicio de transporte al hospital de personas cuyos tratamientos no podían retrasarse, en Nápoles, en colaboración con los institutos de salud, se han realizado pruebas de detección de covid-19, y en Tropea se han donado 5 sillas de ruedas y 300 pijamas a una residencia de la tercera edad. Dado que la covid-19 se cruzó con la Pascua, las delegaciones de Siracusa y del sur de las Marcas también distribuyeron huevos de Pascua a los niños de familias asistidas. Finalmente, el cuerpo militar, gracias también a la ayuda de la STMicroelectrics Foundation, ha distribuido en varios municipios sicilianos y en 10 escuelas de Milán aproximadamente 400 ordenadores y ordenadores portátiles a los niños que debían estudiar desde casa.

Todo lo que miles de miembros y voluntarios hicieron en aquellos difíciles meses demuestra que el tiempo transcurrido, el cambio de las circunstancias, la irrupción de nuevas culturas y modos de vida, no han cambiado nada en el carisma y el espíritu original de la Orden de Malta y en su devoción por el prójimo en situación de dificultad.

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