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El comedor social de Pompeya: el valor de la cercanía y de la escucha en tiempos de pandemia


Alimentar a los hambrientos es la primera de las siete obras de misericordia de la religión católica, y justamente en esta sencilla misericordia se inspira una de las actividades más habituales de la Orden de Malta en todo el mundo. En 2019 por ejemplo, gracias a su red capilar, la Orden pudo servir más de cinco millones y medio de almuerzos en sus comedores sociales y con su programa de comidas a domicilio. La emergencia provocada por la covid-19 y sus repercusiones económicas han acentuado, en muchos lugares, la necesidad de esos servicios, que han debido adaptarse a medidas de seguridad estrictas y a nuevos protocolos higiénicos para operar en condiciones de máxima seguridad sanitaria.

En la Casa del Peregrino de Pompeya, desde hace más de 6 años, está abierto un comedor social gestionado por el Gran Priorato de Nápoles y Sicilia, dirigido por el Procurador Arturo Martucci de Scarfizzi, en un local de la Pontificia Basílica y Santuario Mayor de Nuestra Señora del Rosario de Pompeya. «Esto no es solo un comedor social, es una labor de asistencia a 360 grados», explica Maria del Rosario Steardo, Dama de la Orden de Malta y pieza clave del comedor social. «Además ofrecer alimento, intentamos responder a las distintas urgencias cotidianas de aquellos que acuden a nuestro comedor, les ofrecemos ropa y, a veces, pagamos sus facturas de electricidad y gas».

La emergencia sanitaria ha aumentado la necesidad de ayuda, los usuarios han cambiado y han llegado al comedor nuevos pobres, procedentes no solo de Pompeya sino también de los países vecinos. «Ayer vino un pensionista, que en teoría no tendría derecho a recibir ayuda, pero después entendí que venía porque su hijo y el marido de su hija, que viven con él, se habían quedado en el paro, pero les daba vergüenza acudir a un comedor social», cuenta Maria Steardo, subrayando el valor de la cercanía y de la escucha. «Viene también regularmente un señor que está en paro, tiene un tumor y un hijo con discapacidad: a él le pagamos las facturas».

El comedor Mensa Papa Francesco funciona gracias a dos trabajadores y a cinco o seis voluntarios al día, con un total de 75 voluntarios. «Es un hermoso equipo de jóvenes, dan un magnífico ejemplo, también de inclusión», señala Maria Steardo. «En él participan cuatro jóvenes con discapacidad, que el resto del grupo han incluido y adoptado: son felices, se sienten útiles, es un modelo de convivencia». El comedor social sirve cada día 130 almuerzos calientes y abundantes, que pueden también servir para la cena. La epidemia ha obligado a reconvertir el comedor social, que antes representaba un momento de socialización, en un servicio de comidas para llevar únicamente. También se reparten cien paquetes de alimentos y mascarillas al mes. «El día de Nochebuena pudimos repartir 220 cestas de Navidad, la mitad sin carne de cerdo para familias musulmanas, y para el 6 de enero preparamos calcetines llenos de juguetes y dulces para los niños» Además, el grupo de voluntarios distribuye, una vez por semana por la noche, unos cuarenta almuerzos a los sin techo de Nápoles, en la zona de la estación de ferrocarril.

En la Casa del Peregrino funcionaba antes también un servicio de duchas, que era la ocasión de entregar ropa y calzado a quien lo solicitaba. No solo lo utilizaban los sin techo, sino también todos aquellos que no tenían agua caliente o agua corriente en sus hogares. Desgraciadamente, una consecuencia más de la pandemia ha sido la suspensión de este servicio y del servicio de acogida que, en otra zona del edificio, ofrecían los voluntarios de la Orden de Malta a los peregrinos que visitaban el Santuario.

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