{"id":49104,"date":"2009-01-01T02:00:00","date_gmt":"2009-01-01T01:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.orderofmalta.int\/news\/mensaje-de-benedicto-xvi-con-motivo-del-dia-mundial-de-la-paz\/"},"modified":"2023-01-17T09:30:20","modified_gmt":"2023-01-17T08:30:20","slug":"mensaje-de-benedicto-xvi-con-motivo-del-dia-mundial-de-la-paz","status":"publish","type":"news","link":"https:\/\/www.orderofmalta.int\/es\/noticias\/mensaje-de-benedicto-xvi-con-motivo-del-dia-mundial-de-la-paz\/","title":{"rendered":"Mensaje de Benedicto XVI con motivo del d\u00eda mundial de la paz"},"featured_media":0,"menu_order":0,"template":"","class_list":["post-49104","news","type-news","status-publish","hentry","news_categories-noticias"],"acf":{"highlighted":"no","news_cover":{"id":25543,"url":"https:\/\/www.orderofmalta.int\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/news.jpg"},"news_content":"<p>En esta p\u00e1gina, el mensaje del Papa Benedicto XVI con moitvo del 42\u00ba D\u00eda Mundial de la Paz 2009, que se celebra el 1 de enero de 2009 en torno al tema \u201cCombatir la pobreza, construir la paz\u201d.<\/p>\n<p>1. Tambi\u00e9n en este a\u00f1o nuevo que comienza, deseo hacer llegar a todos mis mejores deseos de paz, e invitar con este Mensaje a reflexionar sobre el tema: Combatir la pobreza, construir la paz. Mi venerado predecesor Juan Pablo II, en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 1993, subray\u00f3 ya las repercusiones negativas que la situaci\u00f3n de pobreza de poblaciones enteras acaba teniendo sobre la paz. En efecto, la pobreza se encuentra frecuentemente entre los factores que favorecen o agravan los conflictos, incluidas la contiendas armadas. Estas \u00faltimas alimentan a su vez tr\u00e1gicas situaciones de penuria. \u00abSe constata y se hace cada vez m\u00e1s grave en el mundo \u2013 escribi\u00f3 Juan Pablo II \u2013 otra seria amenaza para la paz: muchas personas, es m\u00e1s, poblaciones enteras viven hoy en condiciones de extrema pobreza. La desigualdad entre ricos y pobres se ha hecho m\u00e1s evidente, incluso en las naciones m\u00e1s desarrolladas econ\u00f3micamente. Se trata de un problema que se plantea a la conciencia de la humanidad, puesto que las condiciones en que se encuentra un gran n\u00famero de personas son tales que ofenden su dignidad innata y comprometen, por consiguiente, el aut\u00e9ntico y arm\u00f3nico progreso de la comunidad mundial\u00bb[1].<\/p>\n<p>2. En este cuadro, combatir la pobreza implica considerar atentamente el fen\u00f3meno complejo de la globalizaci\u00f3n. Esta consideraci\u00f3n es importante ya desde el punto de vista metodol\u00f3gico, pues invita a tener en cuenta el fruto de las investigaciones realizadas por los economistas y soci\u00f3logos sobre tantos aspectos de la pobreza. Pero la referencia a la globalizaci\u00f3n deber\u00eda abarcar tambi\u00e9n la dimensi\u00f3n espiritual y moral, instando a mirar a los pobres desde la perspectiva de que todos comparten un \u00fanico proyecto divino, el de la vocaci\u00f3n de construir una sola familia en la que todos \u2013 personas, pueblos y naciones \u2013 se comporten siguiendo los principios de fraternidad y responsabilidad.<\/p>\n<p>En dicha perspectiva se ha de tener una visi\u00f3n amplia y articulada de la pobreza. Si \u00e9sta fuese \u00fanicamente material, las ciencias sociales, que nos ayudan a medir los fen\u00f3menos bas\u00e1ndose sobre todo en datos de tipo cuantitativo, ser\u00edan suficientes para iluminar sus principales caracter\u00edsticas. Sin embargo, sabemos que hay pobrezas inmateriales, que no son consecuencia directa y autom\u00e1tica de carencias materiales. Por ejemplo, en las sociedades ricas y desarrolladas existen fen\u00f3menos de marginaci\u00f3n, pobreza relacional, moral y espiritual: se trata de personas desorientadas interiormente, aquejadas por formas diversas de malestar a pesar de su bienestar econ\u00f3mico. Pienso, por una parte, en el llamado \u00absubdesarrollo moral\u00bb[2] y, por otra, en las consecuencias negativas del \u00absuperdesarrollo\u00bb[3]. Tampoco olvido que, en las sociedades definidas como \u00abpobres\u00bb, el crecimiento econ\u00f3mico se ve frecuentemente entorpecido por impedimentos culturales, que no permiten utilizar adecuadamente los recursos. De todos modos, es verdad que cualquier forma de pobreza no asumida libremente tiene su ra\u00edz en la falta de respeto por la dignidad trascendente de la persona humana. Cuando no se considera al hombre en su vocaci\u00f3n integral, y no se respetan las exigencias de una verdadera \u00abecolog\u00eda humana\u00bb[4], se desencadenan tambi\u00e9n din\u00e1micas perversas de pobreza, como se pone claramente de manifiesto en algunos aspectos en los cuales me detendr\u00e9 brevemente.<\/p>\n<p>Pobreza e implicaciones morales<\/p>\n<p>3. La pobreza se pone a menudo en relaci\u00f3n con el crecimiento demogr\u00e1fico. Consiguientemente, se est\u00e1n llevando a cabo campa\u00f1as para reducir la natalidad en el \u00e1mbito internacional, incluso con m\u00e9todos que no respetan la dignidad de la mujer ni el derecho de los c\u00f3nyuges a elegir responsablemente el n\u00famero de hijos [5] y, lo que es m\u00e1s grave a\u00fan, frecuentemente ni siquiera respetan el derecho a la vida. El exterminio de millones de ni\u00f1os no nacidos en nombre de la lucha contra la pobreza es, en realidad, la eliminaci\u00f3n de los seres humanos m\u00e1s pobres. A esto se opone el hecho de que, en 1981, aproximadamente el 40% de la poblaci\u00f3n mundial estaba por debajo del umbral de la pobreza absoluta, mientras que hoy este porcentaje se ha reducido sustancialmente a la mitad y numerosas poblaciones, caracterizadas, por lo dem\u00e1s, por un notable incremento demogr\u00e1fico, han salido de la pobreza. El dato apenas mencionado muestra claramente que habr\u00eda recursos para resolver el problema de la indigencia, incluso con un crecimiento de la poblaci\u00f3n. Tampoco hay que olvidar que, desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta hoy, la poblaci\u00f3n de la tierra ha crecido en cuatro mil millones y, en buena parte, este fen\u00f3meno se produce en pa\u00edses que han aparecido recientemente en el escenario internacional como nuevas potencias econ\u00f3micas, y han obtenido un r\u00e1pido desarrollo precisamente gracias al elevado n\u00famero de sus habitantes. Adem\u00e1s, entre las naciones m\u00e1s avanzadas, las que tienen un mayor \u00edndice de natalidad disfrutan de mejor potencial para el desarrollo. En otros t\u00e9rminos, la poblaci\u00f3n se est\u00e1 confirmando como una riqueza y no como un factor de pobreza.<\/p>\n<p>4. Otro aspecto que preocupa son las enfermedades pand\u00e9micas, como por ejemplo, la malaria, la tuberculosis y el sida que, en la medida en que afectan a los sectores productivos de la poblaci\u00f3n, tienen una gran influencia en el deterioro de las condiciones generales del pa\u00eds. Los intentos de frenar las consecuencias de estas enfermedades en la poblaci\u00f3n no siempre logran resultados significativos. Adem\u00e1s, los pa\u00edses aquejados de dichas pandemias, a la hora de contrarrestarlas, sufren los chantajes de quienes condicionan las ayudas econ\u00f3micas a la puesta en pr\u00e1ctica de pol\u00edticas contrarias a la vida. Es dif\u00edcil combatir sobre todo el sida, causa dram\u00e1tica de pobreza, si no se afrontan los problemas morales con los que est\u00e1 relacionada la difusi\u00f3n del virus. Es preciso, ante todo, emprender campa\u00f1as que eduquen especialmente a los j\u00f3venes a una sexualidad plenamente concorde con la dignidad de la persona; hay iniciativas en este sentido que ya han dado resultados significativos, haciendo disminuir la propagaci\u00f3n del virus. Adem\u00e1s, se requiere tambi\u00e9n que se pongan a disposici\u00f3n de las naciones pobres las medicinas y tratamientos necesarios; esto exige fomentar decididamente la investigaci\u00f3n m\u00e9dica y las innovaciones terap\u00e9uticas, y aplicar con flexibilidad, cuando sea necesario, las reglas internacionales sobre la propiedad intelectual, con el fin de garantizar a todos la necesaria atenci\u00f3n sanitaria de base.<\/p>\n<p>5. Un tercer aspecto en que se ha de poner atenci\u00f3n en los programas de lucha contra la pobreza, y que muestra su intr\u00ednseca dimensi\u00f3n moral, es la pobreza de los ni\u00f1os. Cuando la pobreza afecta a una familia, los ni\u00f1os son las v\u00edctimas m\u00e1s vulnerables: casi la mitad de quienes viven en la pobreza absoluta son ni\u00f1os. Considerar la pobreza poni\u00e9ndose de parte de los ni\u00f1os impulsa a estimar como prioritarios los objetivos que los conciernen m\u00e1s directamente como, por ejemplo, el cuidado de las madres, la tarea educativa, el acceso a las vacunas, a las curas m\u00e9dicas y al agua potable, la salvaguardia del medio ambiente y, sobre todo, el compromiso en la defensa de la familia y de la estabilidad de las relaciones en su interior. Cuando la familia se debilita, los da\u00f1os recaen inevitablemente sobre los ni\u00f1os. Donde no se tutela la dignidad de la mujer y de la madre, los m\u00e1s afectados son principalmente los hijos.<\/p>\n<p>6. Un cuarto aspecto que merece particular atenci\u00f3n desde el punto de vista moral es la relaci\u00f3n entre el desarme y el desarrollo. Es preocupante la magnitud global del gasto militar en la actualidad. Como ya he tenido ocasi\u00f3n de subrayar, \u00ablos ingentes recursos materiales y humanos empleados en gastos militares y en armamentos se sustraen a los proyectos de desarrollo de los pueblos, especialmente de los m\u00e1s pobres y necesitados de ayuda. Y esto va contra lo que afirma la misma Carta de las Naciones Unidas, que compromete a la comunidad internacional, y a los Estados en particular, a \u201cpromover el establecimiento y el mantenimiento de la paz y de la seguridad internacional con el m\u00ednimo dispendio de los recursos humanos y econ\u00f3micos mundiales en armamentos\u201d (art. 26)\u00bb[6].<\/p>\n<p>Este estado de cosas, en vez de facilitar, entorpece seriamente la consecuci\u00f3n de los grandes objetivos de desarrollo de la comunidad internacional. Adem\u00e1s, un incremento excesivo del gasto militar corre el riesgo de acelerar la carrera de armamentos, que provoca bolsas de subdesarrollo y de desesperaci\u00f3n, transform\u00e1ndose as\u00ed, parad\u00f3jicamente, en factor de inestabilidad, tensi\u00f3n y conflictos. Como afirm\u00f3 sabiamente mi venerado Predecesor Pablo VI, \u00abel desarrollo es el nuevo nombre de la paz\u00bb[7]. Por tanto, los Estados est\u00e1n llamados a una seria reflexi\u00f3n sobre los motivos m\u00e1s profundos de los conflictos, a menudo avivados por la injusticia, y a afrontarlos con una valiente autocr\u00edtica. Si se alcanzara una mejora de las relaciones, ser\u00eda posible reducir los gastos en armamentos. Los recursos ahorrados se podr\u00edan destinar a proyectos de desarrollo de las personas y de los pueblos m\u00e1s pobres y necesitados: los esfuerzos prodigados en este sentido son un compromiso por la paz dentro de la familia humana.<\/p>\n<p>7. Un quinto aspecto de la lucha contra la pobreza material se refiere a la actual crisis alimentaria, que pone en peligro la satisfacci\u00f3n de las necesidades b\u00e1sicas. Esta crisis se caracteriza no tanto por la insuficiencia de alimentos, sino por las dificultades para obtenerlos y por fen\u00f3menos especulativos y, por tanto, por la falta de un entramado de instituciones pol\u00edticas y econ\u00f3micas capaces de afrontar las necesidades y emergencias. La malnutrici\u00f3n puede provocar tambi\u00e9n graves da\u00f1os psicof\u00edsicos a la poblaci\u00f3n, privando a las personas de la energ\u00eda necesaria para salir, sin una ayuda especial, de su estado de pobreza. Esto contribuye a ampliar la magnitud de las desigualdades, provocando reacciones que pueden llegar a ser violentas. Todos los datos sobre el crecimiento de la pobreza relativa en los \u00faltimos decenios indican un aumento de la diferencia entre ricos y pobres. Sin duda, las causas principales de este fen\u00f3meno son, por una parte, el cambio tecnol\u00f3gico, cuyos beneficios se concentran en el nivel m\u00e1s alto de la distribuci\u00f3n de la renta y, por otra, la evoluci\u00f3n de los precios de los productos industriales, que aumentan mucho m\u00e1s r\u00e1pidamente que los precios de los productos agr\u00edcolas y de las materias primas que poseen los pa\u00edses m\u00e1s pobres. Resulta as\u00ed que la mayor parte de la poblaci\u00f3n de los pa\u00edses m\u00e1s pobres sufre una doble marginaci\u00f3n, beneficios m\u00e1s bajos y precios m\u00e1s altos.<\/p>\n<p>Lucha contra la pobreza y solidaridad global<\/p>\n<p>8. Una de las v\u00edas maestras para construir la paz es una globalizaci\u00f3n que tienda a los intereses de la gran familia humana[8]. Sin embargo, para guiar la globalizaci\u00f3n se necesita una fuerte solidaridad global[9], tanto entre pa\u00edses ricos y pa\u00edses pobres, como dentro de cada pa\u00eds, aunque sea rico. Es preciso un \u00abc\u00f3digo \u00e9tico com\u00fan\u00bb[10], cuyas normas no sean s\u00f3lo fruto de acuerdos, sino que est\u00e9n arraigadas en la ley natural inscrita por el Creador en la conciencia de todo ser humano (cf. Rm 2,14-15). Cada uno de nosotros \u00bfno siente acaso en lo rec\u00f3ndito de su conciencia la llamada a dar su propia contribuci\u00f3n al bien com\u00fan y a la paz social? La globalizaci\u00f3n abate ciertas barreras, pero esto no significa que no se puedan construir otras nuevas; acerca los pueblos, pero la proximidad en el espacio y en el tiempo no crea de suyo las condiciones para una comuni\u00f3n verdadera y una aut\u00e9ntica paz. La marginaci\u00f3n de los pobres del planeta s\u00f3lo puede encontrar instrumentos v\u00e1lidos de emancipaci\u00f3n en la globalizaci\u00f3n si todo hombre se siente personalmente herido por las injusticias que hay en el mundo y por las violaciones de los derechos humanos vinculadas a ellas. La Iglesia, que es \u00absigno e instrumento de la \u00edntima uni\u00f3n con Dios y de la unidad de todo el g\u00e9nero humano\u00bb[11], continuar\u00e1 ofreciendo su aportaci\u00f3n para que se superen las injusticias e incomprensiones, y se llegue a construir un mundo m\u00e1s pac\u00edfico y solidario.<\/p>\n<p>9. En el campo del comercio internacional y de las transacciones financieras, se est\u00e1n produciendo procesos que permiten integrar positivamente las econom\u00edas, contribuyendo a la mejora de las condiciones generales; pero existen tambi\u00e9n procesos en sentido opuesto, que dividen y marginan a los pueblos, creando peligrosas premisas para conflictos y guerras. En los decenios sucesivos a la Segunda Guerra Mundial, el comercio internacional de bienes y servicios ha crecido con extraordinaria rapidez, con un dinamismo sin precedentes en la historia. Gran parte del comercio mundial se ha centrado en los pa\u00edses de antigua industrializaci\u00f3n, a los que se han a\u00f1adido de modo significativo muchos pa\u00edses emergentes, que han adquirido una cierta relevancia. Sin embargo, hay otros pa\u00edses de renta baja que siguen estando gravemente marginados respecto a los flujos comerciales. Su crecimiento se ha resentido por la r\u00e1pida disminuci\u00f3n de los precios de las materias primas registrada en las \u00faltimas d\u00e9cadas, que constituyen la casi totalidad de sus exportaciones. En estos pa\u00edses, la mayor\u00eda africanos, la dependencia de las exportaciones de las materias primas sigue siendo un fuerte factor de riesgo. Quisiera renovar un llamamiento para que todos los pa\u00edses tengan las mismas posibilidades de acceso al mercado mundial, evitando exclusiones y marginaciones<\/p>\n<p>10. Se puede hacer una reflexi\u00f3n parecida sobre las finanzas, que ata\u00f1e a uno de los aspectos principales del fen\u00f3meno de la globalizaci\u00f3n, gracias al desarrollo de la electr\u00f3nica y a las pol\u00edticas de liberalizaci\u00f3n de los flujos de dinero entre los diversos pa\u00edses. La funci\u00f3n objetivamente m\u00e1s importante de las finanzas, el sostener a largo plazo la posibilidad de inversiones y, por tanto, el desarrollo, se manifiesta hoy muy fr\u00e1gil: se resiente de los efectos negativos de un sistema de intercambios financieros \u2013 en el plano nacional y global \u2013 basado en una l\u00f3gica a muy corto plazo, que busca el incremento del valor de las actividades financieras y se concentra en la gesti\u00f3n t\u00e9cnica de las diversas formas de riesgo. La reciente crisis demuestra tambi\u00e9n que la actividad financiera est\u00e1 guiada a veces por criterios meramente autorrefenciales, sin consideraci\u00f3n del bien com\u00fan a largo plazo. La reducci\u00f3n de los objetivos de los operadores financieros globales a un brev\u00edsimo plazo de tiempo reduce la capacidad de las finanzas para desempe\u00f1ar su funci\u00f3n de puente entre el presente y el futuro, con vistas a sostener la creaci\u00f3n de nuevas oportunidades de producci\u00f3n y de trabajo a largo plazo. Una finanza restringida al corto o cort\u00edsimo plazo llega a ser peligrosa para todos, tambi\u00e9n para quien logra beneficiarse de ella durante las fases de euforia financiera[12].<\/p>\n<p>11. De todo esto se desprende que la lucha contra la pobreza requiere una cooperaci\u00f3n tanto en el plano econ\u00f3mico como en el jur\u00eddico que permita a la comunidad internacional, y en particular a los pa\u00edses pobres, descubrir y poner en pr\u00e1ctica soluciones coordinadas para afrontar dichos problemas, estableciendo un marco jur\u00eddico eficaz para la econom\u00eda. Exige tambi\u00e9n incentivos para crear instituciones eficientes y participativas, as\u00ed como ayudas para luchar contra la criminalidad y promover una cultura de la legalidad. Por otro lado, es innegable que las pol\u00edticas marcadamente asistencialistas est\u00e1n en el origen de muchos fracasos en la ayuda a los pa\u00edses pobres. Parece que, actualmente, el verdadero proyecto a medio y largo plazo sea el invertir en la formaci\u00f3n de las personas y en desarrollar de manera integrada una cultura de la iniciativa. Si bien las actividades econ\u00f3micas necesitan un contexto favorable para su desarrollo, esto no significa que se deba distraer la atenci\u00f3n de los problemas del beneficio. Aunque se haya subrayado oportunamente que el aumento de la renta per capita no puede ser el fin absoluto de la acci\u00f3n pol\u00edtico-econ\u00f3mica, no se ha de olvidar, sin embargo, que \u00e9sta representa un instrumento importante para alcanzar el objetivo de la lucha contra el hambre y la pobreza absoluta. Desde este punto de vista, no hay que hacerse ilusiones pensando que una pol\u00edtica de pura redistribuci\u00f3n de la riqueza existente resuelva el problema de manera definitiva. En efecto, el valor de la riqueza en una econom\u00eda moderna depende de manera determinante de la capacidad de crear r\u00e9dito presente y futuro. Por eso, la creaci\u00f3n de valor resulta un v\u00ednculo ineludible, que se debe tener en cuenta si se quiere luchar de modo eficaz y duradero contra la pobreza material.<\/p>\n<p>12. Finalmente, situar a los pobres en el primer puesto comporta que se les d\u00e9 un espacio adecuado para una correcta l\u00f3gica econ\u00f3mica por parte de los agentes del mercado internacional, una correcta l\u00f3gica pol\u00edtica por parte de los responsables institucionales y una correcta l\u00f3gica participativa capaz de valorizar la sociedad civil local e internacional. Los organismos internacionales mismos reconocen hoy la val\u00eda y la ventaja de las iniciativas econ\u00f3micas de la sociedad civil o de las administraciones locales para promover la emancipaci\u00f3n y la inclusi\u00f3n en la sociedad de las capas de poblaci\u00f3n que a menudo se encuentran por debajo del umbral de la pobreza extrema y a las que, al mismo tiempo, dif\u00edcilmente pueden llegar las ayudas oficiales. La historia del desarrollo econ\u00f3mico del siglo XX ense\u00f1a c\u00f3mo buenas pol\u00edticas de desarrollo se han confiado a la responsabilidad de los hombres y a la creaci\u00f3n de sinergias positivas entre mercados, sociedad civil y Estados. En particular, la sociedad civil asume un papel crucial en el proceso de desarrollo, ya que el desarrollo es esencialmente un fen\u00f3meno cultural y la cultura nace y se desarrolla en el \u00e1mbito de la sociedad civil[13].<\/p>\n<p>13. Como ya afirm\u00f3 mi venerado Predecesor Juan Pablo II, la globalizaci\u00f3n \u00abse presenta con una marcada nota de ambivalencia\u00bb[14] y, por tanto, ha de ser regida con prudente sabidur\u00eda. De esta sabidur\u00eda, forma parte el tener en cuenta en primer lugar las exigencias de los pobres de la tierra, superando el esc\u00e1ndalo de la desproporci\u00f3n existente entre los problemas de la pobreza y las medidas que los hombres adoptan para afrontarlos. La desproporci\u00f3n es de orden cultural y pol\u00edtico, as\u00ed como espiritual y moral. En efecto, se limita a menudo a las causas superficiales e instrumentales de la pobreza, sin referirse a las que est\u00e1n en el coraz\u00f3n humano, como la avidez y la estrechez de miras. Los problemas del desarrollo, de las ayudas y de la cooperaci\u00f3n internacional se afrontan a veces como meras cuestiones t\u00e9cnicas, que se agotan en establecer estructuras, poner a punto acuerdos sobre precios y cuotas, en asignar subvenciones an\u00f3nimas, sin que las personas se involucren verdaderamente. En cambio, la lucha contra la pobreza necesita hombres y mujeres que vivan en profundidad la fraternidad y sean capaces de acompa\u00f1ar a las personas, familias y comunidades en el camino de un aut\u00e9ntico desarrollo humano.<\/p>\n<p>Conclusi\u00f3n<\/p>\n<p>14. En la Enc\u00edclica Centesimus annus, Juan Pablo II advirti\u00f3 sobre la necesidad de \u00ababandonar una mentalidad que considera a los pobres \u2013 personas y pueblos \u2013 como un fardo o como molestos e importunos, \u00e1vidos de consumir lo que los otros han producido\u00bb. \u00abLos pobres \u2013 escribe \u2013 exigen el derecho de participar y gozar de los bienes materiales y de hacer fructificar su capacidad de trabajo, creando as\u00ed un mundo m\u00e1s justo y m\u00e1s pr\u00f3spero para todos\u00bb[15]. En el mundo global actual, aparece con mayor claridad que solamente se construye la paz si se asegura la posibilidad de un crecimiento razonable. En efecto, las tergiversaciones de los sistemas injustos antes o despu\u00e9s pasan factura a todos. Por tanto, \u00fanicamente la necedad puede inducir a construir una casa dorada, pero rodeada del desierto o la degradaci\u00f3n. Por s\u00ed sola, la globalizaci\u00f3n es incapaz de construir la paz, m\u00e1s a\u00fan, genera en muchos casos divisiones y conflictos. La globalizaci\u00f3n pone de manifiesto m\u00e1s bien una necesidad: la de estar orientada hacia un objetivo de profunda solidaridad, que tienda al bien de todos y cada uno. En este sentido, hay que verla como una ocasi\u00f3n propicia para realizar algo importante en la lucha contra la pobreza y para poner a disposici\u00f3n de la justicia y la paz recursos hasta ahora impensables.<\/p>\n<p>15. La Doctrina Social de la Iglesia se ha interesado siempre por los pobres. En tiempos de la Enc\u00edclica Rerum novarum, \u00e9stos eran sobre todo los obreros de la nueva sociedad industrial; en el magisterio social de P\u00edo XI, P\u00edo XII, Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo II se han detectado nuevas pobrezas a medida que el horizonte de la cuesti\u00f3n social se ampliaba, hasta adquirir dimensiones mundiales[16]. Esta ampliaci\u00f3n de la cuesti\u00f3n social hacia la globalidad hay que considerarla no s\u00f3lo en el sentido de una extensi\u00f3n cuantitativa, sino tambi\u00e9n como una profundizaci\u00f3n cualitativa en el hombre y en las necesidades de la familia humana. Por eso la Iglesia, a la vez que sigue con atenci\u00f3n los actuales fen\u00f3menos de la globalizaci\u00f3n y su incidencia en las pobrezas humanas, se\u00f1ala nuevos aspectos de la cuesti\u00f3n social, no s\u00f3lo en extensi\u00f3n, sino tambi\u00e9n en profundidad, en cuanto conciernen a la identidad del hombre y su relaci\u00f3n con Dios. Son principios de la doctrina social que tienden a clarificar las relaciones entre pobreza y globalizaci\u00f3n, y a orientar la acci\u00f3n hacia la construcci\u00f3n de la paz. Entre estos principios conviene recordar aqu\u00ed, de modo particular, el \u00abamor preferencial por los pobres\u00bb[17], a la luz del primado de la caridad, atestiguado por toda la tradici\u00f3n cristiana, comenzando por la de la Iglesia primitiva (cf. Hch 4,32-36; 1 Co 16,1; 2 Co 8-9; Ga 2,10).<\/p>\n<p>\u00abQue se ci\u00f1a cada cual a la parte que le corresponde\u00bb, escrib\u00eda Le\u00f3n XIII en 1891, a\u00f1adiendo: \u00abPor lo que respecta a la Iglesia, nunca ni bajo ning\u00fan aspecto regatear\u00e1 su esfuerzo\u00bb[18]. Esta convicci\u00f3n acompa\u00f1a tambi\u00e9n hoy el quehacer de la Iglesia para con los pobres, en los cuales contempla a Cristo[19], sintiendo c\u00f3mo resuena en su coraz\u00f3n el mandato del Pr\u00edncipe de la paz a los Ap\u00f3stoles: \u00abVos date illis manducare\u00bb dadles vosotros de comer\u00bb (Lc 9,13). As\u00ed pues, fiel a esta exhortaci\u00f3n de su Se\u00f1or, la comunidad cristiana no dejar\u00e1 de asegurar a toda la familia humana su apoyo a las iniciativas de una solidaridad creativa, no s\u00f3lo para distribuir lo superfluo, sino cambiando \u00absobre todo los estilos de vida, los modelos de producci\u00f3n y de consumo, las estructuras consolidadas de poder que rigen hoy la sociedad\u00bb[20]. Por consiguiente, dirijo al comienzo de un a\u00f1o nuevo una calurosa invitaci\u00f3n a cada disc\u00edpulo de Cristo, as\u00ed como a toda persona de buena voluntad, para que ensanche su coraz\u00f3n hacia las necesidades de los pobres, haciendo cuanto le sea concretamente posible para salir a su encuentro. En efecto, sigue siendo incontestablemente verdadero el axioma seg\u00fan el cual \u00abcombatir la pobreza es construir la paz\u00bb.<\/p>\n<p>Vaticano, 8 de diciembre de 2008<\/p>\n<p>BENEDICTUS PP. XVI<\/p>\n<p>[1] Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 1993, 1.<\/p>\n<p>[2] Pablo VI, Carta enc. Populorum progressio, 19.<\/p>\n<p>[3] Juan Pablo II, Carta enc. Sollicitudo rei socialis, 28.<\/p>\n<p>[4] Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus, 38.<\/p>\n<p>[5] Cf. Pablo VI, Carta enc. Populorum progressio, 37; Juan Pablo II, Carta enc. Sollicitudo rei socialis, 25.<\/p>\n<p>[6] Carta al Cardenal Renato Rafael Martino con ocasi\u00f3n del Seminario Internacional organizado por el Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz sobre el tema \u201cDesarme, desarrollo y paz. Perspectivas para un desarme integral\u201d(10 abril 2008): L\u2019Osservatore Romano, ed. en lengua espa\u00f1ola (18 abril 2008), p. 3.<\/p>\n<p>[7] Carta enc. Populorum progressio, 87.<\/p>\n<p>[8] Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus, 58.<\/p>\n<p>[9] Juan Pablo II, Discurso a las asociaciones cristianas de trabajadores italianos (27 abril 2002), n. 4: L\u2019Osservatore Romano, ed. en lengua espa\u00f1ola (10 mayo 2002), p. 10.<\/p>\n<p>[10] Juan Pablo II, Discurso a la Asamblea plenaria de la Academia Pontificia de Ciencias sociales (27 abril 2001), n. 4: L\u2019Osservatore Romano, ed. en lengua espa\u00f1ola (11 mayo 2001), p. 4.<\/p>\n<p>[11] Concilio Vaticano II, Const. dogm. Lumen gentium, 1.<\/p>\n<p>[12] Cf. Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz, Compendio de la Doctrina social de la Iglesia, 368.<\/p>\n<p>[13] Cf. ib\u00edd., 356.<\/p>\n<p>[14] Discurso a empresarios y sindicatos de trabajadores (2 mayo 2000), n. 3: L\u2019Osservatore Romano, ed. en lengua espa\u00f1ola (5 mayo 2000), p. 7.<\/p>\n<p>[15] Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus, 28.<\/p>\n<p>[16] Cf. Pablo VI, Carta enc. Populorum progressio, 3.<\/p>\n<p>[17] Juan Pablo II, Carta enc. Sollicitudo rei socialis, 42; Cf. Id. Carta enc. Centesimus annus, 57.<\/p>\n<p>[18] Le\u00f3n XIII, Carta enc. Rerum novarum, 41.<\/p>\n<p>[19] Cf. Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus, 58.<\/p>\n<p>[20] Ib\u00edd.<\/p>\n","news_gallery":"no","news_gallery_elements":false},"news_categories":[{"id":157,"name":"Noticias","slug":"noticias","description":"","link":"https:\/\/www.orderofmalta.int\/es\/categorias-de-noticias\/noticias\/"}],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.orderofmalta.int\/es\/wp-json\/wp\/v2\/notizie\/49104","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.orderofmalta.int\/es\/wp-json\/wp\/v2\/notizie"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.orderofmalta.int\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/news"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.orderofmalta.int\/es\/wp-json\/wp\/v2\/notizie\/49104\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.orderofmalta.int\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=49104"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}