{"id":49172,"date":"2008-04-21T00:00:00","date_gmt":"2008-04-20T23:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.orderofmalta.int\/news\/discurso-de-benedicto-xvi-en-la-asamblea-general-de-las-naciones-unidas\/"},"modified":"2023-01-17T09:32:10","modified_gmt":"2023-01-17T08:32:10","slug":"discurso-de-benedicto-xvi-en-la-asamblea-general-de-las-naciones-unidas","status":"publish","type":"news","link":"https:\/\/www.orderofmalta.int\/es\/noticias\/discurso-de-benedicto-xvi-en-la-asamblea-general-de-las-naciones-unidas\/","title":{"rendered":"Discurso de Benedicto XVI en la asamblea general de las naciones unidas"},"featured_media":0,"menu_order":0,"template":"","class_list":["post-49172","news","type-news","status-publish","hentry","news_categories-noticias"],"acf":{"highlighted":"no","news_cover":{"id":26938,"url":"https:\/\/www.orderofmalta.int\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/21_04_2008_01.jpg"},"news_content":"<p>Publicamos el discurso que dirigi\u00f3 viernes 19 abril el Papa Benedicto XVI a los representantes de las naciones en el aula de la asamblea general de las Naciones Unidas. A continuaci\u00f3n las palabras dirigidas al Santo Padre por el Secretario General de las Naciones Unidas.<\/p>\n<p>* * *<\/p>\n<p>Se\u00f1or Presidente<\/p>\n<p>Se\u00f1oras y Se\u00f1ores<\/p>\n<p>Al comenzar mi intervenci\u00f3n en esta Asamblea, deseo ante todo expresarle a usted, Se\u00f1or Presidente, mi sincera gratitud por sus amables palabras. Quiero agradecer tambi\u00e9n al Secretario General, el Se\u00f1or Ban Ki-moon, por su invitaci\u00f3n a visitar la Sede central de la Organizaci\u00f3n y por su cordial bienvenida. Saludo a los Embajadores y a los Diplom\u00e1ticos de los Estados Miembros, as\u00ed como a todos los presentes: a trav\u00e9s de ustedes, saludo a los pueblos que representan aqu\u00ed. Ellos esperan de esta Instituci\u00f3n que lleve adelante la inspiraci\u00f3n que condujo a su fundaci\u00f3n, la de ser un \u00abcentro que armonice los esfuerzos de las Naciones por alcanzar los fines comunes\u00bb, de la paz y el desarrollo (cf. Carta de las Naciones Unidas, art. 1.2-1.4). Como dijo el Papa Juan Pablo II en 1995, la Organizaci\u00f3n deber\u00eda ser \u201ccentro moral, en el que todas las naciones del mundo se sientan como en su casa, desarrollando la conciencia com\u00fan de ser, por as\u00ed decir, una \u2018familia de naciones&#8217;\u201d (Discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, Nueva York, 5 de octubre de 1995, 14).<\/p>\n<p>A trav\u00e9s de las Naciones Unidas, los Estados han establecido objetivos universales que, aunque no coincidan con el bien com\u00fan total de la familia humana, representan sin duda una parte fundamental de este mismo bien. Los principios fundacionales de la Organizaci\u00f3n -el deseo de la paz, la b\u00fasqueda de la justicia, el respeto de la dignidad de la persona, la cooperaci\u00f3n y la asistencia humanitaria- expresan las justas aspiraciones del esp\u00edritu humano y constituyen los ideales que deber\u00edan estar subyacentes en las relaciones internacionales. Como mis predecesores Pablo VI y Juan Pablo II han hecho notar desde esta misma tribuna, se trata de cuestiones que la Iglesia Cat\u00f3lica y la Santa Sede siguen con atenci\u00f3n e inter\u00e9s, pues ven en vuestra actividad un ejemplo de c\u00f3mo los problemas y conflictos relativos a la comunidad mundial pueden estar sujetos a una reglamentaci\u00f3n com\u00fan. Las Naciones Unidas encarnan la aspiraci\u00f3n a \u201cun grado superior de ordenamiento internacional\u201d Juan Pablo II, Sollicitudo rei socialis, 43), inspirado y gobernado por el principio de subsidiaridad y, por tanto, capaz de responder a las demandas de la familia humana mediante reglas internacionales vinculantes y estructuras capaces de armonizar el desarrollo cotidiano de la vida de los pueblos. Esto es m\u00e1s necesario a\u00fan en un tiempo en el que experimentamos la manifiesta paradoja de un consenso multilateral que sigue padeciendo una crisis a causa de su subordinaci\u00f3n a las decisiones de unos pocos, mientras que los problemas del mundo exigen intervenciones conjuntas por parte de la comunidad internacional.<\/p>\n<p>Ciertamente, cuestiones de seguridad, los objetivos del desarrollo, la reducci\u00f3n de las desigualdades locales y globales, la protecci\u00f3n del entorno, de los recursos y del clima, requieren que todos los responsables internacionales act\u00faen conjuntamente y demuestren una disponibilidad para actuar de buena fe, respetando la ley y promoviendo la solidaridad con las regiones m\u00e1s d\u00e9biles del planeta. Pienso particularmente en aquellos Pa\u00edses de \u00c1frica y de otras partes del mundo que permanecen al margen de un aut\u00e9ntico desarrollo integral, y corren por tanto el riesgo de experimentar s\u00f3lo los efectos negativos de la globalizaci\u00f3n. En el contexto de las relaciones internacionales, es necesario reconocer el papel superior que desempe\u00f1an las reglas y las estructuras intr\u00ednsecamente ordenadas a promover el bien com\u00fan y, por tanto, a defender la libertad humana. Dichas reglas no limitan la libertad. Por el contrario, la promueven cuando proh\u00edben comportamientos y actos que van contra el bien com\u00fan, obstaculizan su realizaci\u00f3n efectiva y, por tanto, comprometen la dignidad de toda persona humana. En nombre de la libertad debe haber una correlaci\u00f3n entre derechos y deberes, por la cual cada persona est\u00e1 llamada a asumir la responsabilidad de sus opciones, tomadas al entrar en relaci\u00f3n con los otros. Aqu\u00ed, nuestro pensamiento se dirige al modo en que a veces se han aplicado los resultados de los descubrimientos de la investigaci\u00f3n cient\u00edfica y tecnol\u00f3gica. No obstante los enormes beneficios que la humanidad puede recabar de ellos, algunos aspectos de dicha aplicaci\u00f3n representan una clara violaci\u00f3n del orden de la creaci\u00f3n, hasta el punto en que no solamente se contradice el car\u00e1cter sagrado de la vida, sino que la persona humana misma y la familia se ven despojadas de su identidad natural. Del mismo modo, la acci\u00f3n internacional dirigida a preservar el entorno y a proteger las diversas formas de vida sobre la tierra no ha de garantizar solamente un empleo racional de la tecnolog\u00eda y de la ciencia, sino que debe redescubrir tambi\u00e9n la aut\u00e9ntica imagen de la creaci\u00f3n. Esto nunca requiere optar entre ciencia y \u00e9tica: se trata m\u00e1s bien de adoptar un m\u00e9todo cient\u00edfico que respete realmente los imperativos \u00e9ticos.<\/p>\n<p>El reconocimiento de la unidad de la familia humana y la atenci\u00f3n a la dignidad innata de cada hombre y mujer adquiere hoy un nuevo \u00e9nfasis con el principio de la responsabilidad de proteger. Este principio ha sido definido s\u00f3lo recientemente, pero ya estaba impl\u00edcitamente presente en los or\u00edgenes de las Naciones Unidas y ahora se ha convertido cada vez m\u00e1s en una caracter\u00edstica de la actividad de la Organizaci\u00f3n. Todo Estado tiene el deber primario de proteger a la propia poblaci\u00f3n de violaciones graves y continuas de los derechos humanos, como tambi\u00e9n de las consecuencias de las crisis humanitarias, ya sean provocadas por la naturaleza o por el hombre. Si los Estados no son capaces de garantizar esta protecci\u00f3n, la comunidad internacional ha de intervenir con los medios jur\u00eddicos previstos por la Carta de las Naciones Unidas y por otros instrumentos internacionales. La acci\u00f3n de la comunidad internacional y de sus instituciones, dando por sentado el respeto de los principios que est\u00e1n a la base del orden internacional, no tiene por qu\u00e9 ser interpretada nunca como una imposici\u00f3n injustificada y una limitaci\u00f3n de soberan\u00eda. Al contrario, es la indiferencia o la falta de intervenci\u00f3n lo que causa un da\u00f1o real. Lo que se necesita es una b\u00fasqueda m\u00e1s profunda de los medios para prevenir y controlar los conflictos, explorando cualquier v\u00eda diplom\u00e1tica posible y prestando atenci\u00f3n y est\u00edmulo tambi\u00e9n a las m\u00e1s tenues se\u00f1ales de di\u00e1logo o deseo de reconciliaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El principio de la \u201cresponsabilidad de proteger\u201d fue considerado por el antiguo ius gentium como el fundamento de toda actuaci\u00f3n de los gobernadores hacia los gobernados: en tiempos en que se estaba desarrollando el concepto de Estados nacionales soberanos, el fraile dominico Francisco de Vitoria, calificado con raz\u00f3n como precursor de la idea de las Naciones Unidas, describi\u00f3 dicha responsabilidad como un aspecto de la raz\u00f3n natural compartida por todas las Naciones, y como el resultado de un orden internacional cuya tarea era regular las relaciones entre los pueblos. Hoy como entonces, este principio ha de hacer referencia a la idea de la persona como imagen del Creador, al deseo de una absoluta y esencial libertad. Como sabemos, la fundaci\u00f3n de las Naciones Unidas coincidi\u00f3 con la profunda conmoci\u00f3n experimentada por la humanidad cuando se abandon\u00f3 la referencia al sentido de la trascendencia y de la raz\u00f3n natural y, en consecuencia, se violaron gravemente la libertad y la dignidad del hombre. Cuando eso ocurre, los fundamentos objetivos de los valores que inspiran y gobiernan el orden internacional se ven amenazados, y minados en su base los principios inderogables e inviolables formulados y consolidados por las Naciones Unidas. Cuando se est\u00e1 ante nuevos e insistentes desaf\u00edos, es un error retroceder hacia un planteamiento pragm\u00e1tico, limitado a determinar \u201cun terreno com\u00fan\u201d, minimalista en los contenidos y d\u00e9bil en su efectividad.<\/p>\n<p>La referencia a la dignidad humana, que es el fundamento y el objetivo de la responsabilidad de proteger, nos lleva al tema sobre el cual hemos sido invitados a centrarnos este a\u00f1o, en el que se cumple el 60\u00b0 aniversario de la Declaraci\u00f3n Universal de los Derechos del Hombre. El documento fue el resultado de una convergencia de tradiciones religiosas y culturales, todas ellas motivadas por el deseo com\u00fan de poner a la persona humana en el coraz\u00f3n de las instituciones, leyes y actuaciones de la sociedad, y de considerar a la persona humana esencial para el mundo de la cultura, de la religi\u00f3n y de la ciencia. Los derechos humanos son presentados cada vez m\u00e1s como el lenguaje com\u00fan y el sustrato \u00e9tico de las relaciones internacionales. Al mismo tiempo, la universalidad, la indivisibilidad y la interdependencia de los derechos humanos sirven como garant\u00eda para la salvaguardia de la dignidad humana. Sin embargo, es evidente que los derechos reconocidos y enunciados en la Declaraci\u00f3n se aplican a cada uno en virtud del origen com\u00fan de la persona, la cual sigue siendo el punto m\u00e1s alto del designio creador de Dios para el mundo y la historia. Estos derechos se basan en la ley natural inscrita en el coraz\u00f3n del hombre y presente en las diferentes culturas y civilizaciones. Arrancar los derechos humanos de este contexto significar\u00eda restringir su \u00e1mbito y ceder a una concepci\u00f3n relativista, seg\u00fan la cual el sentido y la interpretaci\u00f3n de los derechos podr\u00edan variar, negando su universalidad en nombre de los diferentes contextos culturales, pol\u00edticos, sociales e incluso religiosos. As\u00ed pues, no se debe permitir que esta vasta variedad de puntos de vista oscurezca no s\u00f3lo el hecho de que los derechos son universales, sino que tambi\u00e9n lo es la persona humana, sujeto de estos derechos.<\/p>\n<p>La vida de la comunidad, tanto en el \u00e1mbito interior como en el internacional, muestra claramente c\u00f3mo el respeto de los derechos y las garant\u00edas que se derivan de ellos son las medidas del bien com\u00fan que sirven para valorar la relaci\u00f3n entre justicia e injusticia, desarrollo y pobreza, seguridad y conflicto. La promoci\u00f3n de los derechos humanos sigue siendo la estrategia m\u00e1s eficaz para extirpar las desigualdades entre Pa\u00edses y grupos sociales, as\u00ed como para aumentar la seguridad. Es cierto que las v\u00edctimas de la opresi\u00f3n y la desesperaci\u00f3n, cuya dignidad humana se ve impunemente violada, pueden ceder f\u00e1cilmente al impulso de la violencia y convertirse ellas mismas en transgresoras de la paz. Sin embargo, el bien com\u00fan que los derechos humanos permiten conseguir no puede lograrse simplemente con la aplicaci\u00f3n de procedimientos correctos ni tampoco a trav\u00e9s de un simple equilibrio entre derechos contrapuestos. La Declaraci\u00f3n Universal tiene el m\u00e9rito de haber permitido confluir en un n\u00facleo fundamental de valores y, por lo tanto, de derechos, a diferentes culturas, expresiones jur\u00eddicas y modelos institucionales. No obstante, hoy es preciso redoblar los esfuerzos ante las presiones para reinterpretar los fundamentos de la Declaraci\u00f3n y comprometer con ello su \u00edntima unidad, facilitando as\u00ed su alejamiento de la protecci\u00f3n de la dignidad humana para satisfacer meros intereses, con frecuencia particulares. La Declaraci\u00f3n fue adoptada como un \u201cideal com\u00fan\u201d (pre\u00e1mbulo) y no puede ser aplicada por partes separadas, seg\u00fan tendencias u opciones selectivas que corren simplemente el riesgo de contradecir la unidad de la persona humana y por tanto la indivisibilidad de los derechos humanos.<\/p>\n<p>La experiencia nos ense\u00f1a que a menudo la legalidad prevalece sobre la justicia cuando la insistencia sobre los derechos humanos los hace aparecer como resultado exclusivo de medidas legislativas o decisiones normativas tomadas por las diversas agencias de los que est\u00e1n en el poder. Cuando se presentan simplemente en t\u00e9rminos de legalidad, los derechos corren el riesgo de convertirse en proposiciones fr\u00e1giles, separadas de la dimensi\u00f3n \u00e9tica y racional, que es su fundamento y su fin. Por el contrario, la Declaraci\u00f3n Universal ha reforzado la convicci\u00f3n de que el respeto de los derechos humanos est\u00e1 enraizado principalmente en la justicia que no cambia, sobre la cual se basa tambi\u00e9n la fuerza vinculante de las proclamaciones internacionales. Este aspecto se ve frecuentemente desatendido cuando se intenta privar a los derechos de su verdadera funci\u00f3n en nombre de una m\u00edsera perspectiva utilitarista. Puesto que los derechos y los consiguientes deberes provienen naturalmente de la interacci\u00f3n humana, es f\u00e1cil olvidar que son el fruto de un sentido com\u00fan de la justicia, basado principalmente sobre la solidaridad entre los miembros de la sociedad y, por tanto, v\u00e1lidos para todos los tiempos y todos los pueblos. Esta intuici\u00f3n fue expresada ya muy pronto, en el siglo V, por Agust\u00edn de Hipona, uno de los maestros de nuestra herencia intelectual. Dec\u00eda que la m\u00e1xima no hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti \u201cen modo alguno puede variar, por mucha que sea la diversidad de las naciones\u201d (De doctrina christiana, III, 14). Por tanto, los derechos humanos han de ser respetados como expresi\u00f3n de justicia, y no simplemente porque pueden hacerse respetar mediante la voluntad de los legisladores.<\/p>\n<p>Se\u00f1oras y Se\u00f1ores,<\/p>\n<p>con el transcurrir de la historia surgen situaciones nuevas y se intenta conectarlas a nuevos derechos. El discernimiento, es decir, la capacidad de distinguir el bien del mal, se hace m\u00e1s esencial en el contexto de exigencias que conciernen a la vida misma y al comportamiento de las personas, de las comunidades y de los pueblos. Al afrontar el tema de los derechos, puesto que en \u00e9l est\u00e1n implicadas situaciones importantes y realidades profundas, el discernimiento es al mismo tiempo una virtud indispensable y fructuosa.<\/p>\n<p>As\u00ed, el discernimiento muestra c\u00f3mo el confiar de manera exclusiva a cada Estado, con sus leyes e instituciones, la responsabilidad \u00faltima de conjugar las aspiraciones de personas, comunidades y pueblos enteros puede tener a veces consecuencias que excluyen la posibilidad de un orden social respetuoso de la dignidad y los derechos de la persona. Por otra parte, una visi\u00f3n de la vida enraizada firmemente en la dimensi\u00f3n religiosa puede ayudar a conseguir dichos fines, puesto que el reconocimiento del valor trascendente de todo hombre y toda mujer favorece la conversi\u00f3n del coraz\u00f3n, que lleva al compromiso de resistir a la violencia, al terrorismo y a la guerra, y de promover la justicia y la paz. Adem\u00e1s, esto proporciona el contexto apropiado para ese di\u00e1logo interreligioso que las Naciones Unidas est\u00e1n llamadas a apoyar, del mismo modo que apoyan el di\u00e1logo en otros campos de la actividad humana. El di\u00e1logo deber\u00eda ser reconocido como el medio a trav\u00e9s del cual los diversos sectores de la sociedad pueden articular su propio punto de vista y construir el consenso sobre la verdad en relaci\u00f3n a los valores u objetivos particulares. Pertenece a la naturaleza de las religiones, libremente practicadas, el que puedan entablar aut\u00f3nomamente un di\u00e1logo de pensamiento y de vida. Si tambi\u00e9n a este nivel la esfera religiosa se mantiene separada de la acci\u00f3n pol\u00edtica, se producir\u00e1n grandes beneficios para las personas y las comunidades. Por otra parte, las Naciones Unidas pueden contar con los resultados del di\u00e1logo entre las religiones y beneficiarse de la disponibilidad de los creyentes para poner sus propias experiencias al servicio del bien com\u00fan. Su cometido es proponer una visi\u00f3n de la fe, no en t\u00e9rminos de intolerancia, discriminaci\u00f3n y conflicto, sino de total respeto de la verdad, la coexistencia, los derechos y la reconciliaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Obviamente, los derechos humanos deben incluir el derecho a la libertad religiosa, entendido como expresi\u00f3n de una dimensi\u00f3n que es al mismo tiempo individual y comunitaria, una visi\u00f3n que manifiesta la unidad de la persona, aun distinguiendo claramente entre la dimensi\u00f3n de ciudadano y la de creyente. La actividad de las Naciones Unidas en los a\u00f1os recientes ha asegurado que el debate p\u00fablico ofrezca espacio a puntos de vista inspirados en una visi\u00f3n religiosa en todas sus dimensiones, incluyendo la de rito, culto, educaci\u00f3n, difusi\u00f3n de informaciones, as\u00ed como la libertad de profesar o elegir una religi\u00f3n. Es inconcebible, por tanto, que los creyentes tengan que suprimir una parte de s\u00ed mismos -su fe- para ser ciudadanos activos. Nunca deber\u00eda ser necesario renegar de Dios para poder gozar de los propios derechos. Los derechos asociados con la religi\u00f3n necesitan protecci\u00f3n sobre todo si se los considera en conflicto con la ideolog\u00eda secular predominante o con posiciones de una mayor\u00eda religiosa de naturaleza exclusiva. No se puede limitar la plena garant\u00eda de la libertad religiosa al libre ejercicio del culto, sino que se ha de tener en la debida consideraci\u00f3n la dimensi\u00f3n p\u00fablica de la religi\u00f3n y, por tanto, la posibilidad de que los creyentes contribuyan la construcci\u00f3n del orden social. A decir verdad, ya lo est\u00e1n haciendo, por ejemplo, a trav\u00e9s de su implicaci\u00f3n influyente y generosa en una amplia red de iniciativas, que van desde las universidades a las instituciones cient\u00edficas, escuelas, centros de atenci\u00f3n m\u00e9dica y a organizaciones caritativas al servicio de los m\u00e1s pobres y marginados. El rechazo a reconocer la contribuci\u00f3n a la sociedad que est\u00e1 enraizada en la dimensi\u00f3n religiosa y en la b\u00fasqueda del Absoluto -expresi\u00f3n por su propia naturaleza de la comuni\u00f3n entre personas- privilegiar\u00eda efectivamente un planteamiento individualista y fragmentar\u00eda la unidad de la persona.<\/p>\n<p>Mi presencia en esta Asamblea es una muestra de estima por las Naciones Unidas y es considerada como expresi\u00f3n de la esperanza en que la Organizaci\u00f3n sirva cada vez m\u00e1s como signo de unidad entre los Estados y como instrumento al servicio de toda la familia humana. Manifiesta tambi\u00e9n la voluntad de la Iglesia Cat\u00f3lica de ofrecer su propia aportaci\u00f3n a la construcci\u00f3n de relaciones internacionales en un modo en que se permita a cada persona y a cada pueblo percibir que son un elemento capaz de marcar la diferencia. Adem\u00e1s, la Iglesia trabaja para obtener dichos objetivos a trav\u00e9s de la actividad internacional de la Santa Sede, de manera coherente con la propia contribuci\u00f3n en la esfera \u00e9tica y moral y con la libre actividad de los propios fieles. Ciertamente, la Santa Sede ha tenido siempre un puesto en las asambleas de las Naciones, manifestando as\u00ed el propio car\u00e1cter espec\u00edfico en cuanto sujeto en el \u00e1mbito internacional. Como han confirmado recientemente las Naciones Unidas, la Santa Sede ofrece as\u00ed su propia contribuci\u00f3n seg\u00fan las disposiciones de la ley internacional, ayuda a definirla y a ella se remite.<\/p>\n<p>Las Naciones Unidas siguen siendo un lugar privilegiado en el que la Iglesia est\u00e1 comprometida a llevar su propia experiencia \u201cen humanidad\u201d, desarrollada a lo largo de los siglos entre pueblos de toda raza y cultura, y a ponerla a disposici\u00f3n de todos los miembros de la comunidad internacional. Esta experiencia y actividad, orientadas a obtener la libertad para todo creyente, intentan aumentar tambi\u00e9n la protecci\u00f3n que se ofrece a los derechos de la persona. Dichos derechos est\u00e1n basados y plasmados en la naturaleza trascendente de la persona, que permite a hombres y mujeres recorrer su camino de fe y su b\u00fasqueda de Dios en este mundo. El reconocimiento de esta dimensi\u00f3n debe ser reforzado si queremos fomentar la esperanza de la humanidad en un mundo mejor, y crear condiciones propicias para la paz, el desarrollo, la cooperaci\u00f3n y la garant\u00eda de los derechos de las generaciones futuras.<\/p>\n<p>En mi reciente Enc\u00edclica Spe salvi, he subrayado \u201cque la b\u00fasqueda, siempre nueva y fatigosa, de rectos ordenamientos para las realidades humanas es una tarea de cada generaci\u00f3n\u201d (n. 25). Para los cristianos, esta tarea est\u00e1 motivada por la esperanza que proviene de la obra salvadora de Jesucristo. Precisamente por eso la Iglesia se alegra de estar asociada con la actividad de esta ilustre Organizaci\u00f3n, a la cual est\u00e1 confiada la responsabilidad de promover la paz y la buena voluntad en todo el mundo. Queridos amigos, os doy las gracias por la oportunidad de dirigirme hoy a vosotros y prometo la ayuda de mis oraciones para el desarrollo de vuestra noble tarea.<\/p>\n<p>Antes de despedirme de esta asamblea, deseo saludar a todas las naciones aqu\u00ed representadas en las lenguas oficiales.<\/p>\n<p>Paz y prosperidad con la ayuda de Dios!<\/p>\n<p>Gracias.<\/p>\n<p>* * *<\/p>\n<p>Palabras dirigidas al Santo Padre por el Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon<\/p>\n<p>\u00ab Las Naciones Unidas es una instituci\u00f3n secular, compuesta por 192 Estados.<\/p>\n<p>Tenemos seis idiomas oficiales pero no una religi\u00f3n oficial. No tenemos una capilla, pero s\u00ed una sala de meditaci\u00f3n.\u00bb<\/p>\n<p>\u00abPero si usted nos pregunta a quienes trabajamos para las Naciones Unidas cu\u00e1les son nuestras motivaciones, muchos responderemos en un lenguaje de fe. En la ONU, vemos nuestra labor no s\u00f3lo como un empleo, sino como una misi\u00f3n. De hecho, \u00e9sta es la palabra que usamos para describir nuestro trabajo alrededor mundo, sea \u00e9ste de paz y seguridad, de desarrollo o de derechos humanos\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abUsted ha hecho un llamamiento a la confianza y el compromiso con las Naciones Unidas. Ha dicho que la ONU es capaz de auspiciar un di\u00e1logo y entendimiento genuinos que reconcilie diferentes visiones y desarrolle pol\u00edticas y estrategias multilaterales capaces de afrontar los desaf\u00edos de nuestro complejo mundo de hoy \u00bb<\/p>\n<p>\u00ab Excelencias,<\/p>\n<p>Ya adoremos a un Dios, a varios o a ninguno, en las Naciones Unidas debemos mantener y reforzar nuestra fe d\u00eda a d\u00eda. Es una materia prima cada vez m\u00e1s m\u00e1s necesaria, a medida que se multiplican las demandas que debe afrontar nuestra organizaci\u00f3n.\u00bb<\/p>\n","news_gallery":"no","news_gallery_elements":false},"news_categories":[{"id":157,"name":"Noticias","slug":"noticias","description":"","link":"https:\/\/www.orderofmalta.int\/es\/categorias-de-noticias\/noticias\/"}],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.orderofmalta.int\/es\/wp-json\/wp\/v2\/notizie\/49172","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.orderofmalta.int\/es\/wp-json\/wp\/v2\/notizie"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.orderofmalta.int\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/news"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.orderofmalta.int\/es\/wp-json\/wp\/v2\/notizie\/49172\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.orderofmalta.int\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=49172"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}