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Soberana y Militar Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén de Rodas y de Malta
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Discurso de la decana del cuerpo diplomático acreditado ante la Soberana Orden Militar

08/01/2019 


Su Alteza Eminentísima,
Por primera vez tengo el gran honor y privilegio, en nombre de los miembros del cuerpo diplomático acreditado ante la Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén de Rodas y de Malta, de desearle a usted y a todos los miembros y voluntarios de la Orden un feliz y próspero Año Nuevo.

Su Alteza Eminentísima,
En primer lugar, acepte nuestra más sincera felicitación por su elección como 80º Gran Maestre de la Soberana Orden de Malta.
Le deseamos mucho éxito en el desempeño de esta alta responsabilidad, y que consiga realizar sus objetivos para conseguir perfeccionar la labor construida desde hace siglos por las generaciones precedentes de miembros de la Orden.
En este contexto, permítame decirle que, como representantes oficiales de nuestros Estados, es para nosotros un privilegio y un honor seguir sus actividades con admiración y respeto.

Su Alteza Eminentísima, quisiera aprovechar esta ceremonia para dar la bienvenida a los nuevos miembros de nuestra familia diplomática que han presentado sus cartas credenciales en 2018: Sus Excelencias los embajadores de Jordania, Burkina Faso, Serbia, Portugal, Egipto, Nicaragua, Benín, República Checa, Filipinas, Eslovaquia, Alemania, Uruguay y Austria. Les deseo el mayor de los éxitos y una gran satisfacción en el desempeño de sus nobles misiones.

Su Alteza Eminentísima,
En estos últimos años el mundo se ha enfrentado a crisis humanitarias de una magnitud sin precedentes desde la segunda guerra mundial. El mundo se encuentra una vez más peligrosamente azotado por los conflictos, las guerras, la inestabilidad económica y social, la pobreza, el hambre, los desastres naturales y provocados por el hombre, la esclavitud moderna y el cambio climático.
Es insólito pensar que, según las estimaciones, hay 65 millones de personas desplazadas en el mundo. Generaciones enteras están creciendo en campos de refugiados; más de 136 millones de personas necesitan la ayuda humanitaria; más del 8% de la población mundial vive por debajo del umbral de la pobreza; los grupos armados ilegales reclutan a niños y les obligan a luchar; los civiles atrapados en zonas de conflicto luchan por encontrar agua y alimentos; se destruyen hospitales y se mata a médicos.
Por desgracia, el mundo es hoy testigo de un nivel inusitado de sufrimiento humano.
Al mismo tiempo, el abismo entre las necesidades humanitarias y los recursos para responder a ellas crece a una velocidad alarmante. Asistimos en la actualidad a cambios para los que, parece ser, no estamos plenamente preparados.
Y desgraciadamente, el Año Nuevo no es un botón mágico de reinicio.

¿Cómo solucionar esto?

Con dos palabras: responsabilidad y unidad.

Debemos utilizar todos los instrumentos a nuestra disposición, con una acción humanitaria basada en principios. El éxito se medirá en función de cómo consigamos, codo con codo, independientemente de la raza, la nacionalidad o la religión, cubrir las necesidades de los más vulnerables, sin dejar a nadie atrás.

A este respecto, permítanme citar a Nelson Mandela: “La acción sin visión es solo pasar el tiempo. La visión sin acción es solo un sueño. La visión con acción puede cambiar el mundo”.

Su Alteza Eminentísima,
Estoy convencida de que la valiosa y benefactora labor de la Orden, en tantos ámbitos y en tantos países de todo el mundo, no es simplemente caridad. Es una “visión con acción”, que puede cambiar el mundo, como dijo Mandela.
La Soberana Orden está siempre allí donde se la necesita. El trabajo de quienes dedican sus vidas a ayudar a los que sufren iluminan los problemas humanitarios que he señalado antes. Los 13.500 miembros, 80.000 voluntarios y más de 42.000 trabajadores de la Orden desempeñan un papel esencial en 120 países, realizando esta importante misión humanitaria.

Ya sea en clínicas móviles en Siria, en los campos de refugiados de Líbano, Irak o Bangladesh, en los centros de salud de la República Centroafricana, en las escuelas de Sudán del Sur, en el campamento de refugiados Rhino Camp en el norte de Uganda, con las víctimas del terremoto y tsunami en Indonesia, con los necesitados y los marginados en países europeos, con las personas con VIH/Sida… todos ellos merecen nuestra eterna gratitud y más sincera admiración. Su ayuda alivia el sufrimiento de los necesitados y les da la fuerza de superar sus dificultades.

El año pasado la Orden de Malta se ha esforzado por ayudar a los que se ven forzados a abandonar sus hogares, a huir de guerras, de conflictos, de la persecución y de la pobreza. La Orden de Malta ha estado presente a lo largo de su viaje, desde sus países de origen, en las fronteras que atraviesan y hasta los países de acogida. Sabiendo la importancia que tiene la integración de los refugiados, migrantes y desplazados en sus nuevas sociedades, la Orden desarrolla también programas de integración en varios países. Y una vez más, es una luz de esperanza para las personas que se encuentran en una situación difícil, es asegurarles que no están solos, que todos tenemos una única vida y que tenemos derecho a vivirla con dignidad.
No puedo dejar de mencionar que la Orden gestiona centros en todo el mundo que ofrecen atención y tratamiento a las personas mayores, los seropositivos, los sin techo y las personas con discapacidad.
Continente a continente, país a país, nación a nación, la Orden cuida de los necesitados.
Por otra parte, durante todo el año pasado, la Orden ha seguido desempeñando su papel en la escena internacional, con una diplomacia multilateral activa, en búsqueda de soluciones globales a los retos impuestos por la actualidad.
Gracias a su larga y sólida experiencia en la asistencia a migrantes y refugiados en diversos proyectos en todo el mundo, y gracias a su presencia en los principales países de origen, tránsito y acogida de los migrantes y refugiados, la Orden ha contribuido al Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular. De esta manera, ha reafirmado que es esencial gestionar eficazmente la migración, asistir a los migrantes y refugiados, promover la igualdad, luchar contra la discriminación y garantizar el respeto de los derechos humanos.
La Orden sigue ofreciendo su valiosa colaboración en la lucha contra la trata de seres humanos, promoviendo la sensibilización sobre las dramáticas consecuencias de esta lacra y ofreciendo como siempre su ayuda y asistencia a las víctimas.
De la misma manera, la Orden ha contribuido con su rica experiencia a las deliberaciones sobre la erradicación de la pobreza y la protección de los derechos humanos.
Es imposible enumerar todos los proyectos y las intervenciones de la Orden; no puedo sino lamentarlo y sentir que es, de alguna manera, injusto. No obstante, los que ya he mencionado son ya razón suficiente para expresar nuestra admiración y nuestro reconocimiento por el trabajo de la Soberana Orden, una labor que podemos sin equivocarnos calificar de “visión con acción [que] puede cambiar el mundo”.

Le puedo asegurar, Su Alteza Eminentísima, que en ese esfuerzo constante de la Orden nos tendrá siempre a su lado.

Su Alteza Eminentísima,
Permítame una vez más, en nombre de todos los miembros del cuerpo diplomático acreditado ante la Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén de Rodas y de Malta, y en nombre de los países que tenemos el honor de representar aquí, desearle a usted y a todos los miembros, voluntarios y trabajadores de la Orden un feliz y próspero año 2019.
Muchas gracias.
Roma, 8 de enero de 2019

Tetiana Izhevska
Embajadora de Ucrania

Decana del cuerpo diplomático acreditado ante la Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta

discurso decana del cuerpo diplomatico acreditado ante orden militar

Soberana y Militar Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén de Rodas y de Malta

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