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Discurso de S.A.E. el Príncipe y Gran Maestre Frey Matthew Festing ante el cuerpo diplomático acreditado ante la Soberana Orden de Malta

Discurso de S.A.E. el Príncipe y Gran Maestre Frey Matthew Festing ante el cuerpo diplomático acreditado ante la Soberana Orden de Malta
10/01/2017

El Gran Maestre de la Orden de Malta, Frey Matthew Festing, ha recibido hoy en el Palacio Magistral del Aventino al cuerpo diplomático acreditado ante la Soberana Orden de Malta, para la audiencia de principios de Año Nuevo.

He aquí el discurso del Gran Maestre

Decano, Excelencias, Damas y Caballeros,

Mi discurso de bienvenida es hoy mucho más que una sencilla formalidad. El tradicional intercambio de buenos deseos al inicio de un nuevo año de colaboración viene a demostrar el aprecio y el valor que les prestamos a cada uno de ustedes, como expertos en relaciones internacionales. La diplomacia es una dimensión vital de la Soberana Orden de Malta.

Quisiera dar las gracias al embajador de la República Checa, Pavel Vosalik, por sus amables palabras, y saludar calurosamente a todos ustedes, particularmente a aquellos embajadores que asisten a esta audiencia por primera vez. Este encuentro me ofrece la oportunidad de revisar con ustedes los desafíos humanitarios de este último año; desafíos a los que el mundo, y nuestra Orden, ha hecho frente en tantos lugares del mundo.

Guiados por la fe en Cristo a lo largo de los difíciles caminos de la historia de la Humanidad, la Orden no había pasado nunca por un periodo en el que su labor humanitaria fuera tan intensa y exigente como ahora.

El mundo se enfrenta a un creciente menosprecio por los derechos humanos a escala internacional. En las zonas de guerra, los bombardeos indiscriminados que toman por objetivo colegios y hospitales obligan a millones de personas a abandonar sus países de origen. Las estadísticas cambian cada hora en Alepo, en Siria, destruida por cinco años de guerra implacable. Los que han permanecido en la ciudad tienen pocos medios para sobrevivir. Las atrocidades de esta guerra suscitan comparaciones con algunos de los más sombríos momentos de la historia reciente: Srebrenica, Grozny, Guernica.

Las normas de la guerra, codificadas en la Convención de Ginebra, han sido sistemáticamente ignoradas en Siria y otros lugares. Lejos de las cámaras de televisión, los combates prosiguen en Yemen y Sudán del Sur, y los principios humanitarios se han echado por la borda. La mayoría de los migrantes retenidos en los centros de detención libios, muchos de ellos mujeres, han sido torturados y sometidos a todas las formas posibles de atropellos y privaciones.

La clave para detener estas atrocidades es reafirmar drástica y enérgicamente los principios del derecho humanitario internacional y de los derechos humanos. Las instituciones y organizaciones de inspiración religiosa pueden desempeñar un papel esencial a este respecto. Las religiones a menudo comparten valores y principios comunes, integrados en sus doctrinas y enseñanzas fundamentales.

2016 ha sido un año marcado por las crisis y las emergencias geopolíticas, pero también por una larga lista de desastres, guerras, atentados terroristas y catástrofes naturales. Entre las últimas, me quiero referir particularmente a los violentos terremotos que han sacudido Italia este año. Los voluntarios de nuestro cuerpo de ayuda italiano y del cuerpo militar de la Orden reaccionaron en cuestión de horas tras los desastres del 24 de agosto y del 30 de octubre en el centro de la península. En Amatrice, Norcia, Macerata y otras ciudades y pueblos afectados por los terremotos, nuestros psicólogos, socorristas y profesionales sanitarios ofrecieron asistencia, apoyo psicológico y productos de primera necesidad a los afectados y desplazados.

Pero Italia está también sumida en otra emergencia: la de los flujos migratorios que llevan años ya atravesando Europa. Dirigidos por traficantes sin escrúpulos, los migrantes desesperados arriesgan sus vidas cruzando en masa el Mediterráneo; una travesía llena de incertidumbres que desemboca en un viaje sin garantía de destino final. Allí lleva trabajando el cuerpo de ayuda italiano de la Orden de Malta desde 2008: en la isla de Lampedusa. Nuestros médicos y enfermeros están especializados en la ayuda a los migrantes en alta mar, garantizando un servicio profesional noche y día. En 2016, nuestros voluntarios italianos atendieron a más de 31.000 personas que habían cruzado el Mediterráneo. Durante mi visita al Palacio Quirinale en Octubre pude exponer estos resultados al presidente de la República Italiana, Sergio Mattarella, que me pidió que transmitiese a nuestros voluntarios su agradecimiento y reconocimiento.

El frente italiano no es más que uno de los muchos frentes de la crisis de los refugiados. Este problema global se ha convertido en uno de los más complejos y dramáticos de nuestro tiempo. Más de 65 millones de personas se han visto forzadas a abandonar sus hogares: por conflictos, hambrunas, regímenes dictatoriales o fundamentalismos religiosos. Para ellos se trata de un peligroso «viaje de esperanza» en busca de una vida mejor. Ante este alarmante panorama, la Orden de Malta ha activado su red de Asociaciones, embajadas, cuerpos de ayuda y voluntarios, prestando ayuda de emergencia y primeros auxilios e implantando proyectos de desarrollo a largo plazo en los países de origen, tránsito y/o destino. Muchas de estas intervenciones están concentradas en Oriente Medio. Concretamente, prestamos nuestra ayuda en Siria, Turquía, Líbano e Irak, en hospitales de campo, centros médicos y clínicas móviles, atendiendo a 170.000 heridos y enfermos. En África contamos con proyectos de saneamiento e higiene para 21.000 refugiados y personas desfavorecidas en la República Democrática del Congo. También repartimos alimentos a los desplazados internos de Sudán del Sur y a los residentes de los campos de refugiados de Uganda. En Asia tenemos proyectos para refugiados en Myanmar y Tailandia, y ofrecemos apoyo psicosocial a los refugiados. En Europa asistimos a las víctimas del conflicto en el este de Ucrania.

Sería demasiado complejo explicar aquí todas nuestras actividades; sepan que estamos presentes en muchos otros países y regiones significativos, en esta «geografía de la necesidad» sin fronteras. Nuestra labor tiene vertientes muy variadas, desde la asistencia médica y social y la distribución de fármacos y alimentos, hasta la evaluación de las necesidades básicas, los colegios para niños y los servicios para migrantes discapacitados. Nuestra acción va más allá de la primera reacción rápida ante emergencias. Por ejemplo, contamos con una extensa red de 140 establecimientos en los que la Orden en Alemania, junto a las instituciones federales y municipales, continúa una tradición de 25 años de asistencia e integración para migrantes y refugiados.

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La migración es un fenómeno complejo, multidimensional. Se está produciendo hoy en el mundo una verdadera revolución demográfica. Frente al crecimiento constante de la población en África, presenciamos una tendencia demográfica permanentemente a la baja en Europa. ¿Cuáles son las implicaciones, y cuál es la escala del desafío? Es preciso que la comunidad internacional encuentre estrategias comunes que den respuesta tanto a los desafíos como a las oportunidades que esta cuestión plantea.

Tal y como se afirmó recientemente en un seminario organizado por nuestra embajada ante la Santa Sede, en la mayoría de los casos son las mujeres las que más sufren en situación de migración. A menudo se ven forzadas a prostituirse o caen en la esclavitud, y son sometidas a violencia física y psicológica durante su peligroso viaje a otro país.

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Los esfuerzos movilizados frente a la naturaleza excepcional del fenómeno migratorio no nos debe hacer olvidar la pobreza que convive con nosotros todos los días. Durante el Jubileo de la Misericordia, nuestra Orden, a través del Gran Priorato de Roma, ha aumentado sus iniciativas de asistencia y solidaridad en las calles, en los bancos de alimentos y en centros sociales, así como en los ya tradicionales comedores sociales. Estas son las últimas estadísticas: 210.000 comidas calientes, más de 11.000 personas asistidas y casi 3.000 toneladas de alimentos distribuidos, a lo que hay que sumar la asistencia médica y la ayuda a familias en situación de precariedad.

Como todos ustedes saben, un repaso de las actividades humanitarias de la Orden en 120 países cubre realidades extremadamente diferentes, desde los programas médicos a los proyectos de abastecimiento en agua, desde la asistencia a los discapacitados al trabajo hospitalario. El Hospital de la Sagrada Familia en Belén, en el corazón de una tierra dividida por los conflictos, sigue siendo una luz de esperanza para miles de mujeres embarazadas y sus bebés, de distintas raza y creencias. Ahora, gracias a la gestión de Ordre de Malte France y al apoyo de numerosos gobiernos y agencias de ayuda, el hospital cuenta también con programas específicos para proteger a las madres de una de las mayores enfermedades del siglo: la diabetes, un asesino silencioso, especialmente en los países más pobres, donde escasean los medios de diagnóstico y tratamiento. También quisiera mencionar la campaña de sensibilización que Malteser-International-es, nuestra organización de ayuda internacional, ha lanzado en Colombia para tratar de contener el virus Zika, y la labor del Hospital Saint Jean de Malte en Njombé, en Camerún, donde la Orden cuenta con un programa de tratamiento para seropositivos y enfermos de malaria. A finales de enero me desplazaré en visita oficial a Camerún, donde espero comprobar de primera mano nuestra labor en el país.

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El pasado año ha resultado también muy significativo para las actividades diplomáticas de nuestra Orden. La intervención de la Orden en la Cumbre Mundial Humanitaria, celebrada en Estambul a iniciativa del secretario general de Naciones Unidas Ban-Ki-moon, se centró en el valor de la contribución de las organizaciones e instituciones de inspiración religiosa en la acción humanitaria. Quisimos señalar que, en situaciones de crisis, los primeros en responder y los más fiables para la población local son, a menudo, las organizaciones de inspiración religiosa. Por ello consideramos esencial que se establezca un diálogo interreligioso más estrecho a la hora de ayudar a las víctimas de estas emergencias. Redactar un nuevo idioma de coexistencia y altruismo en nuestros tiempos, tan golpeados por el terrorismo y los conflictos, no solo es una esperanza, sino una verdadera posibilidad. Estamos a la escucha y a la disposición de quién comparta esta convicción. Ya lo probamos en febrero, con una serie de reuniones en Bruselas con responsables de las instituciones de la Unión Europea, centradas en la crisis de los refugiados. Después, en septiembre, la Orden de Malta participó en la 71ª Reunión de alto nivel sobre la migración de la Asamblea General de Naciones Unidas.

Aquí, en el Palacio Magistral, se celebró también un encuentro estratégico entre los altos responsables de la Orden y representantes del gobierno y parlamento libios. Las grandes incógnitas (la crisis de refugiados, el tráfico de seres humanos, la infiltración de milicias extremistas vinculadas a Daesh) fueron objeto de debate con delegados de Naciones Unidas y la Unión Europea. El futuro de Libia, intersección estratégica de las rutas migratorias, y la estabilidad del proceso de normalización política, iniciado con la llegada del primer ministro Al Sarraj, son elementos ligados a la resolución de estas incógnitas. La operación Sophia es prueba de la importancia de adoptar un enfoque conjunto, entre Estados e instituciones, para hacer frente a las mayores emergencias. Esta operación europea, lanzada en el Mediterráneo en 2015, tiene por objetivo luchar contra el tráfico de seres humanos en la ruta migratoria que parte de Libia. Una delegación de la Orden visitó el portaaviones Garibaldi, buque insignia de la operación Sophia.

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A nivel institucional, durante este último año hemos tenido excelentes ocasiones de debatir, tanto dentro como fuera de la Orden de Malta: en las dos reuniones regionales celebradas en 2016 (la Conferencia Mesoamericana en Panamá en febrero y la Conferencia internacional de Hospitalarios en Malta en marzo), y en las dos conferencias de otoño (en Vilna con las organizaciones y embajadas de Europa central y oriental, y en la Conferencia Asia-Pacífico en Seúl).

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Las relaciones internacionales de la Orden en este año han incluido la firma de varios acuerdos de cooperación importantes: con la República de Albania, para proyectos compartidos de sanidad, educación y protección civil, un acuerdo sobre formación médica y apoyo profesional entre el Hospital Niño Jesús en Roma, que pertenece a la Santa Sede, y nuestro Hospital de la Sagrada Familia en Belén. También se han firmado acuerdos de cooperación significativos con Gabón y Bielorrusia.

En el capítulo de las relaciones bilaterales, he mantenido reuniones oficiales con jefes de Estado y de gobierno que, gracias a la fructífera cooperación que mantenemos con ustedes, me han permitido reforzar los lazos de cooperación con varios países, con el objetivo de aportar asistencia médica y humanitaria. Además de mi visita al jefe de Estado italiano, que me dio la oportunidad de analizar en común las crisis internacionales en profundidad, tuve un intenso programa de visitas de Estado a Centroamérica en febrero, donde visité El Salvador, Honduras y Panamá. En los encuentros que mantuve con sus autoridades institucionales, pude reafirmar la importancia de establecer sinergias para los servicios sociosanitarios y para la prevención de desastres naturales vinculados al cambio climático. También durante este año he mantenido reuniones en el Palacio Magistral, con el presidente de Costa Rica, Luis Guillermo Solís, con el presidente de Eslovenia, Borut Pahor, y con el presidente de Albania, Bujar Nishani. En octubre, mi visita de Estado a Armenia incluyó un encuentro con el presidente Serzh Sargsyan, y una reunión cordial con el Patriarca Karekin II.

La Orden ayudó a organizar en El Vaticano una conferencia internacional sobre el tratamiento de los enfermos de lepra, un foco tradicional de las actividades de la Orden. También celebramos una reunión con los delegados de la red política transatlántica sobre religión y diplomacia, un comité de altos representantes de los gobiernos europeos, americanos y canadiense, para analizar los cada vez más estrechos vínculos entre religión y relaciones internacionales.

No puedo concluir mi intervención sin referirme al Jubileo de la Misericordia, que ha sido una excelente oportunidad de desarrollo espiritual para todo el mundo católico. Como escribió el Papa Francisco en su encíclica Lumen Fidei, «El sufrimiento nos recuerda que el servicio de la fe al bien común es siempre un servicio de esperanza». Justamente para concretar esta esperanza, muchos de nosotros fuimos llamados a realizar un esfuerzo excepcional para ayudar a los peregrinos que de todo el mundo llegaron a Roma en este Jubileo Extraordinario. 1.800 voluntarios de la Orden se relevaron todos los días en los puestos de primeros auxilios establecidos en las cuatro principales basílicas. La fe y la devoción fueron también las protagonistas en septiembre, cuando 120.000 personas llegaron a la Plaza de San Pedro para la canonización de la Madre Teresa de Calcuta: su ejemplo de servicio infatigable a los necesitados es una inspiración para todos los voluntarios. En palabras de esta gran intérprete de la caridad cristiana, «no es cuánto hacemos, sino cuánto amor ponemos en lo que hacemos».

 

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Queridos embajadores,

En este inicio de un Nuevo Año, en el marco de nuestro compromiso conjunto, permítanme una vez más darles las gracias por ayudarnos a promover el compromiso humanitario de la Soberana Orden de Malta. Uno de mis compatriotas más ilustres, el Beato Cardenal John Henry Newman, describe así esta antigua institución: «Dios me ha creado para prestarle un servicio concreto… tengo mi misión… soy un eslabón de una cadena, un lazo de conexión entre personas… haré el bien; haré su trabajo».

Mientras existan el dolor y el sufrimiento en el camino de la humanidad, proseguiremos nuestros esfuerzos para combatirlos.

Quisiera transmitirles, a ustedes y sus familias y a las naciones que representan, mis mejores deseos para 2017. Que sea un año enriquecedor en gracia espiritual, en el que puedan prosperar la paz y la misericordia, como señal de esperanza para aquellos que, lejanos y cercanos, representan ustedes hoy aquí.