El Gran Canciller de la Soberana y Militar Orden de Malta, Riccardo Paternò di Montecupo, ha intervenido hoy en la ceremonia de clausura del Foro Mundial de la Alimentación 2026, organizado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en su sede de Roma.
El Foro, bajo el lema «Innovate today. Nourish tomorrow» (Innovar hoy. Alimentar mañana), ha reunido a representantes de gobiernos, organizaciones internacionales, el mundo científico, instituciones financieras, el sector privado y la sociedad civil.
Durante la sesión de clausura, el Gran Canciller ha subrayado la necesidad de abordar el problema del hambre no solo desde el punto de vista de la producción y la distribución de alimentos, sino también a través de una reflexión más amplia sobre las responsabilidades políticas de la comunidad internacional.
«El hambre no siempre es solo consecuencia de lo que falta.
También puede ser consecuencia de lo que se niega deliberadamente», ha afirmado Paternò di Montecupo, recordando que, en los conflictos actuales, el acceso a los alimentos, al agua, a las infraestructuras agrícolas y a la ayuda humanitaria puede convertirse en un instrumento de presión política y militar.
El Gran Canciller ha recordado los datos del informe de la FAO de 2026, según los cuales alrededor de 645 millones de personas padecieron hambre en 2025 y 2.700 millones no pueden permitirse una alimentación saludable, y ha destacado que la seguridad alimentaria constituye una cuestión cada vez más estrechamente vinculada a la estabilidad internacional, a la prevención de conflictos y a la protección de la dignidad humana.
También se ha dedicado un amplio espacio a las oportunidades y los riesgos de la innovación tecnológica, tema central de la edición de 2026 del Foro. La inteligencia artificial, las biotecnologías, la agricultura de precisión y los nuevos sistemas de gestión del agua ofrecen posibilidades extraordinarias para mejorar la producción alimentaria. Sin embargo, sin un acceso equitativo al conocimiento, a las infraestructuras y a las inversiones, estas innovaciones corren el riesgo de beneficiar sobre todo a los países y a las empresas que ya disponen de mayores recursos, dejando atrás a los pequeños productores y a las comunidades más vulnerables.
Por último, Paternò di Montecupo ha expuesto la contribución de la Orden de Malta a la lucha contra la inseguridad alimentaria, a través de sus organizaciones humanitarias y de su red diplomática. Desde África hasta Oriente Medio, la Orden apoya a las comunidades vulnerables mediante programas de seguridad alimentaria, acceso al agua potable, distribución de semillas y apoyo a la agricultura local. Entre los ejemplos mencionados, destacan las actividades de Malteser International en Nigeria, Sudán del Sur, Kenia y la República Democrática del Congo, así como los programas de apoyo a los agricultores en Líbano.





