Soberana y Militar Orden
Hospitalaria de San Juan de
Jerusalén de Rodas y de Malta

La Orden de Malta en Líbano: ayuda para una nación asolada por la guerra

03/10/2007

Relato de un testigo ocular

En el país del cedro, donde los pobres, los jóvenes y los ancianos siguen sufriendo los efectos de la reciente guerra, el corresponsal independiente y sociólogo Leandro Abeille ha observado el eficaz sistema aplicado por la Orden de Malta en ayuda a los más necesitados. Con diez centros en el Líbano, la Orden atiende a todos los que lo solicitan, sin discriminación de raza o religión.

Este relato fue publicado en abril pasado en “Polizia e Democrazia”. Queda aquí reproducido.

por Leandro Abeille

Líbano es uno de esos lugares donde los conflictos armados son frecuentes y despiadados. La guerra no respeta a nadie, ataca a todos, ricos y pobres, niños y ancianos; sin embargo, son estas tres últimas categorías las que más sufren. Sufren porque nadie les ayuda, nadie les aporta consuelo, nadie cura sus heridas. La tragedia es que nunca tienes un amigo bajo las bombas.

Desde 1975 la Orden de Malta ha abierto diez centros médicos:

durante los conflictos y en las zonas de guerra

Inmerso en la reflexión sobre esta verdad evidente, me encontré con los hospitalarios, figura históricamente famosa. En el Líbano, los Caballeros de Malta han financiado la apertura de diez centros médicos desde 1975, generalmente durante los conflictos y en las zonas de guerra. Estos centros están diseminados del norte al sur del país, y ofrecen a todos un amplio abanico de tratamientos, desde los primeros auxilios hasta medicina especializada. Trabajan a jornada completa en tiempo de paz y aún más en tiempo de guerra, al menos hasta que algo se lo impide. Durante el último enfrentamiento con Israel, el centro médico de la Orden de Malta en Yaroun, al sur del río Litani, fue bombardeado y destruido. Había sido evacuado apenas unas horas antes.

En asociación con la fundación islámica Imam Sadr

Para garantizar la gestión de estos centros, los Caballeros de Malta trabajan con personal local e instituciones benéficas, principalmente católicas salvo en la zona de Tiro, donde han lanzado una joint venture con la fundación islámica dedicada a Imam Sadr. En condiciones de paz, la gestión de los centros de Líbano tiene un coste de cerca de dos millones al año, de los cuales la Orden aporta el 80%; el resto está autofinanciado. Por lo tanto, operan sin financiación pública.

Al contratar a personal local, la Orden de Malta colabora en el fomento de la economía local

Al contrario que casi todas las ONG y muchas instituciones internacionales, los Caballeros de Malta tienen una política de contratación de profesionales locales, manteniendo el nivel de personal extranjero al mínimo. Es éste un enfoque que va en detrimento de quienes aspiran a realizar un voluntariado internacional, pero tiene un ratio coste / eficacia que hace que este sistema sea un ejemplo a imitar. Muchas son en efecto las ventajas: los gastos de viaje, seguros y seguridad del personal extranjero se ven reducidos a la mitad, y no se necesita adaptación o mediación cultural alguna. Asimismo, con la contratación de personal local se colabora en el fomento de la economía local sin alterar los frágiles mercados nacionales. Sólo se envía personal especializado si no se consigue encontrar localmente.

Un ejemplo de cómo se pueden encontrar talentos locales fue mi guía a los centros de la Orden de Malta. Se trataba de una joven libanesa de 28 años que llevaba dos años trabajando para la SMOM. Cuenta con un diploma de Ciencias Económicas y un máster en Administración de Empresas, y colabora en la gestión de los diez centros de la cruz octogonal en Líbano. Cortés y profesional, representa a la Orden en sus relaciones con el personal médico y sanitario y con los organismos de cooperación. Trabaja de diez a doce horas al día, siete días a la semana, y habla la lengua local, inglés y francés.

La prestación de tratamiento médico en tierra de nadie

Nuestra historia nos lleva a Ain el Remmaneh, inaugurado en 1989 y que, durante años, ha ofrecido tratamiento médico en tierra de nadie, una zona tampón entre cristianos y musulmanes, cuando pertenecer a uno u otro grupo puede significar ser asesinado. Hoy es un centro de excelencia en el panorama local médico, un centro de diabetes, con especialistas en cardiología, angiología, medicina interna, otorrinolaringología, oftalmología, dermatología, ginecología, pediatría, endocrinología, oncología, así como también en dietética, psiquiatría, psicología y psicoterapia. Todos los médicos y sanitarios son libaneses, coordinados por una hermana de las Hermanas de la Caridad. El centro dispone también de modernos laboratorios de análisis.

La política de la Orden de Malta es solicitar un pago acorde con las posibilidades

A la vista de los lujosos hoteles y las sucursales bancarias que rodean Beirut, cerca de los centros hospitalarios de la Orden, uno podría pensar que un centro médico humanitario resulta innecesario. Nada más lejos de la realidad. Aquí, los pocos ricos son inmensamente ricos, pero los pobres son inmensamente pobres, y son muchos. Sin embargo, al contrario que otras instituciones benéficas, la Orden de Malta tiene la política de solicitar un pago acorde con las posibilidades Este sistema garantiza un mínimo económico que permite a algunas actividades autofinanciarse, evitando así los abusos y el uso generalizado de unas estructuras diseñadas para la asistencia a personas necesitadas.

En el centro de la Orden, un examen ginecológico cuesta 7 € – el precio medio en Líbano avecina los 50 € – y muchos abonan la tarifa completa, los menos favorecidos pagan la mitad, y aquellos que no tienen nada no pagan nada. Los médicos y el personal son locales, saben quién es realmente pobre y quién lo finge; no hay “amigos de amigos” y nada escapa al ojo avizor de la hermana francesa. Las cifras, que demuestran la honestidad del sistema (y la vigilancia de la hermana), afirman que en 2006 el centro prestó 29.846 servicios a cerca de 11.000 pacientes; de ellos 1.327 no pagaron nada y 3.311 pagaron la mitad, lo que indica que más de 6.000 pacientes pagaron la tarifa completa.

Los Caballeros de Malta son conocidos en Italia por la rehabilitación motora; en el Líbano se encargan de la financiación de un centro de rehabilitación infantil. Este centro está situado en las colinas de Beirut, en un entorno pacífico rodeado de vegetación, con edificios que recuerda la hermosa estética de la Universidad Americana. Sor Maria Geneviève se encarga de su gestión.

El centro Zouk Mikael atiende a 92 niños autistas y con problemas de psicomotricidad, de los cuales 38 son pacientes internados y 54 semi-residenciales. Allí trabajan 65 sanitarios, principalmente celadores, docentes y enfermeros, así como un médico, un psicólogo, un trabajador social, cuatro fisioterapeutas, dos logopedas, dos terapeutas especializados en psicomotricidad y dos ortofonistas, todos profesionales libaneses. Las estructuras son de vanguardia, con ordenadores con programas de reeducación a piscinas para la rehabilitación y otros equipos fisioterapéuticos.

Los niños asisten a clase dentro del centro, con docentes de apoyo, y reciben las terapias médicas y de rehabilitación necesarias. El día termina a las 2 de la tarde para los niños en régimen semi-residencial, mientras que los otros regresan a sus habitaciones con baño y cocina, donde les esperan sus madres. El centro no es el paraíso terrenal; es un lugar de sufrimiento y desesperación, pero está bien gestionado y muy limpio, los trabajadores miman a sus pequeños pacientes y los niños parecen ser felices, incluso ríen alegremente cuando improviso muecas ante ellos.

Quizá otras instituciones deberían adoptar el sistema logístico y administrativo que la Orden de Malta aplica

El centro de rehabilitación y el hospital son uno en un millón en el panorama sanitario libanés en general, y en particular en el de las zonas en crisis. En los centros de la Orden uno se podría creer en un buen hospital europeo, con los mismos estándares profesionales e higiénicos. Aquí los pacientes no son personas que hay que salvar “lo mejor que se pueda”, ayudar lo mejor posible, personas desahuciadas que sólo pueden aspirar a sobrevivir; son “nuestros señores, los enfermos”, como se les llamó mil años atrás en los hospitales de los Caballeros de San Juan. La diferencia es inmensa. Quizá otras instituciones y ONG deberían adoptar el sistema logístico y administrativo que utiliza la Orden en sus misiones, pero quizá el espíritu también es diferente, quizá la tradición ayuda. El hecho es que todo funciona.