En Ucrania no solo es preciso reconstruir edificios, sino también salvar a las generaciones futuras. En la segunda jornada de la Conferencia para la Recuperación de Ucrania (URC2025) celebrada en Roma, Pavlo Titko, director del Malteser Relief Service de Ucrania, el cuerpo de ayuda de la Orden de Malta en el país, ha participado en la mesa redonda dedicada a la inclusión y la cohesión social.
La inauguración de la sesión ha corrido a cargo de Alessandra Locatelli, ministra italiana para la Discapacidad, y la viceministra ucraniana de Políticas Sociales para la Integración Europea, Iryna Postolovska, que están a punto de firmar un memorando de entendimiento para establecer líneas de actuación comunes destinadas al apoyo a los adolescentes, la reinserción laboral y social de los veteranos y la protección de las personas con discapacidad en casos de crisis y emergencias.
El director de Malteser Ucrania ha relatado las consecuencias psicológicas del conflicto sobre los más pequeños y el apoyo de la Orden de Malta, junto con todas sus entidades, para hacer frente al problema. Según datos nacionales, el 75 % de los niños ucranianos han presentado síntomas de estrés postraumático, como ansiedad, depresión, agresividad, aislamiento y silencio. Uno de cada cinco sufre pesadillas o trastornos del sueño; uno de cada diez manifiesta rechazo hacia la escuela o la interacción social. «Invertir en su salud mental, ha subrayado Titko, no solo significa ayudarles a sobrevivir a la guerra, sino ayudar a toda la sociedad a sanar y recuperarse».
Desde 2025, el Gobierno ucraniano ha puesto en marcha un nuevo paquete de asistencia psicosocial, con 124 centros especializados, más de 5.000 ambulatorios territoriales y equipos móviles multidisciplinares. En este contexto, la Orden de Malta ha desarrollado programas específicos para ofrecer apoyo psicológico individual, familiar y grupal en diferentes centros del país. A través de Malteser Ucrania, en tres años se han prestado más de 60.000 consultas, de las que se han beneficiado cerca de 37.000 adultos y unos 45.000 niños y menores, tanto entre los desplazados internos como entre los refugiados en los países vecinos.





