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Ucrania: los puntos de ayuda de la Orden de Malta en Hungría

Varios puestos, situados a lo largo de la ruta de salida del país devastado por la guerra, acompañan a los refugiados hasta Budapest
Ucrania: los puntos de ayuda de la Orden de Malta en Hungría
01/04/2022

4.500 trabajadores, 12.000 voluntarios, 380 centros en todo el país. Estas son las cifras del servicio de asistencia de la Orden de Malta en Hungría, que ha estado trabajando en las últimas semanas para hacer frente a la crisis de refugiados causada por la guerra en la vecina Ucrania. Hungría es uno de los primeros países de llegada de refugiados, después de Polonia. Aquí, el servicio de asistencia de la Orden de Malta ha establecido cinco puntos de ayuda y de acogida. Desde el comienzo de la guerra, el 24 de febrero, unas 600.000 personas han pasado por los tres puntos de acceso de la frontera. Muchas de ellas han contado con la ayuda de la Orden de Malta, que se encarga de coordinar el trabajo de todas las agencias humanitarias presentes en el país y que trabajan en la crisis.

En Beregovo (Ucrania), en la región de Transcarpacia, las agencias de ayuda húngara y ucraniana de la Orden de Malta gestionan un punto de acogida donde los refugiados pueden tomar una comida caliente, hablar con una voz amiga y descansar en una de las camas disponibles. Un poco más allá de la carretera que sale del pueblo, encontramos un enorme almacén en el que se guardan toneladas de alimentos y productos de primera necesidad, desde medicamentos hasta productos sanitarios, que llegan en su mayoría de Europa. Cada día se distribuyen 5.000 toneladas de productos en paquetes ya preparados para las familias que llegan allí. Unos kilómetros más allá, justo antes de la frontera húngaro-ucraniana, hay otro equipo de la Orden de Malta cuyo objetivo es prestar apoyo a las personas que se preparan para abandonar el país. Una especie de relevo de ayuda y apoyo para acompañar a los refugiados en su largo y agotador viaje lejos de casa.

A pocos kilómetros de la frontera, en Beregsurany (Hungría), la Orden de Malta gestiona otro puesto al que llegan los refugiados a pie o en autobús. Actualmente unas 1.200 personas cruzan esta frontera cada día, pero hasta hace unos días eran 1.500. El acceso a las rutas de salida del país es cada vez más difícil debido a la destrucción de infraestructuras, carreteras y puentes. Los refugiados, principalmente mujeres y niños, son recibidos a su llegada por los trabajadores de la Orden, que les ofrecen comida y bebidas calientes. Entre ellos se encuentra Olga, una joven de unos 20 años del Donbass. La Orden de Malta le ayuda a rellenar la documentación necesaria para continuar su viaje a Alemania. Olga viaja sola, pero lleva a su inmutable gato persa en brazos como si fuera un niño.

Los responsables del puesto de acogida explican que, además de proporcionar asistencia médica y productos de primera necesidad, su trabajo consiste en ayudar a dar momentos de normalidad a las personas que llegan, asustadas y agotadas por los largos días de viaje. Especialmente los niños, que reciben una hamburguesa y patatas fritas como primera comida.

La mayoría de los refugiados llegan después a Budapest, gracias a los servicios de transporte y a los trenes que se han puesto a su disposición. En la capital, la Orden de Malta gestiona tres puestos de asistencia y tiene previsto abrir otros dos. El puesto de Bok es un enorme pabellón deportivo por el que pasan miles de refugiados cada día. Una organización impecable reina en este centro en el que también hay un rincón para rezar, otro para tomar un refrigerio, un mostrador de asesoramiento para los que buscan empleo e incluso un punto de recepción para los que viajan con animales.

Los refugiados reciben asistencia médica, jurídica y, sobre todo, logística: la mayoría tiene que viajar a otros países para reunirse con amigos y familiares, otros permanecen en Hungría, alojados en alguna de las diversas posibilidades de alojamiento preparadas en las últimas semanas.

«La Orden de Malta mira ya hacia el futuro: al menos 300.000 personas permanecerán en el país a medio o largo plazo, y es importante empezar a planificar actividades para su integración. Los niños tendrán que ir a la escuela a partir de septiembre, los adultos deberán poder acceder a los servicios sanitarios y al mundo laboral», explica Lajos Gyori Dani, vicepresidente del servicio de asistencia de la Orden de Malta en Hungría, con quien nos reunimos junto a Monseñor Imre Kozma, fundador y presidente del servicio de asistencia de la Orden de Malta en el país magiar. Monseñor Kozma no es un recién llegado a las emergencias humanitarias: fue él quien, en 1989, puso en marcha las operaciones para acoger a los refugiados de Alemania del Este tras la caída del Muro de Berlín, creando así oficialmente la organización húngara de la Orden de Malta, que 30 años después se ha convertido en una de las más importantes del país.

Desde entonces, al menos otras tres grandes crisis de refugiados han pasado por este país: la guerra de Yugoslavia, la revolución de Rumanía en el 91 y la crisis de 2015 con el flujo de migrantes de Siria. «Sólo tratamos de ayudar y salvar a los seres humanos», explica monseñor Kozma, «estas crisis suelen ser explotadas con fines políticos, pero no nos importa». Y, de hecho, apenas unas horas después de nuestro encuentro, el padre Kozma ya está viajando en su coche hacia Polonia, donde, junto con algunos voluntarios de la Orden, llevará una ambulancia a sus compañeros y amigos de la Asociación polaca, también en primera línea para hacer frente a esta grave crisis humanitaria.