Excelencias,
Queridos Caballeros, Damas y Voluntarios,
Queridos Peregrinos,
Nos encontramos una vez más en Lourdes, en el lugar donde el Cielo se ha acercado a la tierra, donde la Virgen María reveló el amor de Dios a su pueblo y donde quienes sufren encuentran no solo consuelo, sino también un sentido.
Esta es mi vigésimo sexta peregrinación a Lourdes y la tercera como Gran Maestre. Cada vez que regreso, crece mi sentido de gratitud, por este lugar y por todos ustedes que dan vida a esta peregrinación.
Esta peregrinación nunca es una mera costumbre. Cada año refleja el estado en que se encuentra el mundo, y este año es un mundo profundamente herido.
Las guerras, las divisiones y la inestabilidad siguen marcando nuestro tiempo. Entre nosotros se encuentran peregrinos procedentes de países profundamente afectados por conflictos: Ucrania, Palestina y Líbano, cuya primera dama nos honra con su presencia. También nos honra la presencia de la madre del presidente de Eslovaquia. Su participación no es simbólica: nos recuerda que las heridas del mundo están aquí, entre nosotros.
Llevamos también con nosotros dolores que nos tocan de cerca.
En los últimos meses, se han perdido muchas vidas jóvenes dedicadas al servicio del prójimo. Pienso especialmente en Chadi Ammar, joven cooperante de nuestra Orden en Líbano, asesinado en un ataque aéreo mientras ayudaba a su comunidad. No era un soldado. Ayudaba a los demás, y lo pagó con su vida.
Esta es la realidad de quienes hoy se ponen al servicio de los demás.
Y, sin embargo, aquí estamos.
No porque el mundo esté en paz, sino precisamente porque no lo está.
En tiempos como estos, no podemos permanecer alejados. Cuando el mundo se divide, estamos llamados a acercarnos: los unos a los otros y a la Virgen María. Como hijos que acuden a su madre, acudimos a Ella con confianza. Le pedimos guía, protección y fuerza.
Este año somos un total de 7.600 participantes, una clara señal de fidelidad y compromiso: 1.300 enfermos, 260 sacerdotes —entre ellos 4 cardenales y 20 obispos—, 600 jóvenes, 450 miembros del personal sanitario, 350 niños y 900 peregrinos.
No son solo cifras. Son personas, vidas dedicadas a los demás.
La presencia de tantos jóvenes es especialmente significativa. No están aquí por obligación, sino por elección. Esto nos dice algo importante: la disponibilidad al servicio del prójimo está viva y debe ser apoyada.
Al mismo tiempo, nuestra Orden mira al futuro con esperanza.
Actualmente hay dos causas de canonización en curso dentro de la Orden: la del Beato Gerardo, nuestro fundador, y la de Frey Andrew Bertie, 78º Gran Maestre. Las encomendamos a sus oraciones, para que puedan continuar su camino.
Pero que quede claro: venir a Lourdes no resuelve los problemas del mundo.
Hace algo más profundo.
Nos recuerda quiénes deberíamos ser.
En un mundo cada vez más frío, estamos llamados a ser más acogedores.
En un mundo que aísla, estamos llamados a estar al lado de los demás.
En un mundo que olvida a los más débiles, estamos llamados a volver a ponerlos en el centro.
No es una cuestión opcional. Es nuestra vocación: Tuitio Fidei et Obsequium Pauperum.
Nuestros miembros y voluntarios viven esta realidad cada día, en Ucrania, en Tierra Santa, en Líbano y en muchos otros lugares marcados por el sufrimiento. No esperan condiciones ideales. Actúan incluso en las situaciones más difíciles.
Lourdes nos devuelve la claridad.
Aquí los enfermos están en el centro, no al margen. Y esto basta para cuestionar la forma habitual de pensar.
Antes de concluir, vuelvo a la Virgen María.
En los momentos difíciles no necesitamos respuestas complejas. Necesitamos una guía. Y como hijos, nos dirigimos a nuestra Madre.
Le pedimos que nos ayude a permanecer fieles.
Le pedimos que nos mantenga unidos.
Le pedimos que nos muestre cómo ponernos al servicio de los demás, no con palabras, sino con hechos.
Que Nuestra Señora de Lourdes nos guíe en estos tiempos difíciles.
Que nos acerque unos a otros.
Y que fortalezca la misión de nuestra Orden en el mundo.
Les deseo una peregrinación llena de significado y bendecida.
Gracias.





