Hoy se ha celebrado, en el marco de la 62.ª Conferencia de Seguridad de Múnich (MSC), un evento paralelo de alto nivel organizado por la Soberana Orden de Malta titulado «Aid for Plate: acción conjunta para la seguridad alimentaria mundial», dedicado a los retos mundiales de la seguridad alimentaria, desde la resiliencia de las cadenas de suministro hasta la creciente brecha de financiación que pone en peligro las iniciativas humanitarias y de desarrollo.
En la apertura de los trabajos, el Gran Canciller de la Orden de Malta, Riccardo Paternò di Montecupo, ha destacado la contribución única de la Orden a la hora de conectar la respuesta a las emergencias con los programas de desarrollo a largo plazo: «La Orden de Malta trabaja en la zona donde se cruzan la ayuda humanitaria inmediata y el fortalecimiento de las capacidades locales. No solo distribuye alimentos en tiempos de crisis, sino que también apoya la microagricultura y las cadenas de suministro locales, los programas alimentarios relacionados con la salud y la maternidad, la protección de las comunidades más vulnerables y el diálogo con los gobiernos y las instituciones. En un mundo en el que la cadena alimentaria es cada vez más frágil, la Orden de Malta nos recuerda que la seguridad alimentaria es inseparable de la seguridad humana».
En su intervención, Alexander De Croo, administrador del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y ex primer ministro de Bélgica, ha declarado que «no se trata simplemente de proporcionar alimentos. No se trata solo de actuar en situaciones de emergencia. Es mucho más importante crear resiliencia, resiliencia social, sistemas alimentarios, que forman parte de un marco económico más amplio».
Álvaro Lario, presidente del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), ha recordado que «cuando las familias rurales pueden producir alimentos, obtener ingresos y acceder a los mercados, las comunidades se estabilizan. La seguridad alimentaria no solo consiste en alimentar a las personas hoy, sino también en reducir la probabilidad de que se produzcan conflictos mañana. En pocas palabras, no podemos permitirnos no invertir en seguridad alimentaria».
Máximo Torrero Cullen, economista jefe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), ha advertido de los crecientes riesgos para los sistemas alimentarios mundiales y de la necesidad de considerarlos infraestructuras estratégicas: «En un mundo en el que cientos de millones de personas pasan hambre, la resiliencia de los sistemas agroalimentarios ya no es opcional: si no hay diversificación, las amenazas biológicas, los conflictos o las interrupciones del comercio pueden convertir una crisis local en una crisis mundial. Por lo tanto, los países deben considerar los sistemas agroalimentarios como infraestructuras estratégicas e invertir en prevención y en su capacidad para absorber las crisis antes de que se agraven».
El debate ha puesto de relieve que la degradación medioambiental, la desertificación, las deficiencias estructurales en la producción alimentaria y la inestabilidad de las cadenas de suministro siguen siendo factores determinantes de la inseguridad, especialmente en África, lo que contribuye a la inestabilidad económica y a las tensiones sociales.
El debate, moderado por Ismahane Elouafi, directora ejecutiva del CGIAR, ha contado con la participación de Amy Pope, directora general de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), Carl Skau, director ejecutivo adjunto y jefe de operaciones del Programa Mundial de Alimentos (PMA), y Máximo Torrero Cullen, economista jefe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Ha quedado patente la necesidad de reforzar la seguridad alimentaria mundial apoyando la producción local en los países más vulnerables y movilizando recursos públicos y privados, también a la luz de los recortes en la financiación de los programas humanitarios y de desarrollo. Los ponentes también han subrayado que la inseguridad alimentaria es una de las causas profundas de las migraciones forzadas, lo que requiere un enfoque integrado que invierta en el desarrollo agrícola sostenible y en los medios de subsistencia de las comunidades más expuestas. En este contexto, las organizaciones humanitarias pueden desempeñar un papel significativo como mediadores y socios operativos en los territorios afectados.
El evento ha confirmado el compromiso de la Orden de Malta, que desarrolla programas en más de 130 países, de promover alianzas internacionales e iniciativas concretas en apoyo de las comunidades más vulnerables, contribuyendo al refuerzo de la estabilidad social en las zonas más expuestas a las crisis.






